Las auroras boreales como fuente de inspiración

José Bonifacino se encontraba en Suecia y presenció algo que nunca antes había visto y que lo asombró: las auroras boreales. El descubrimiento de esa manifestación de la naturaleza no podía ser pasado por alto y José, graduado de la carrera de Arquitectura, decidió incluirlo, con estilo propio, en un proyecto que luego presentó al concurso Burn Your Portfolio, organizado por la Escuela Universitaria de Barcelona, en el que obtuvo el 3.er premio. Lo entrevistamos para que nos contara un poco más acerca de su trabajo y su experiencia de viaje por Europa.

-Contanos un poco sobre el concurso, de qué se trata y qué importancia tiene.

El concurso Burn Your Portfolio: Beca Fahrenheit está dirigido a personas de cualquier edad, nacionalidad y origen. Este año se cumplió la cuarta edición del mismo y tuve la suerte de quedar finalista.

El concurso, organizado por la Escuela Universitaria de Barcelona – Diseño e Ingeniería (Elisava), permitía la obtención de una beca para cursar gratuitamente el Master en Diseño y Dirección de Arte o el Master en Diseño Publicitario y Comunicación.

El concurso consistía en la libre intervención de un espacio físico de 2,97 x 2,10 metros, en donde podíamos expresar una idea o un concepto de la manera que quisiéramos. Posteriormente teníamos que elaborar un video de un minuto mostrando el proyecto que luego un jurado evaluaría.

-¿En qué consiste el proyecto que presentaste al concurso?

En la actualidad me encuentro haciendo un viaje por Escandinavia y la idea que tuve para el concurso está estrechamente ligada a esta experiencia.

Si bien es un viaje de ocio, intento no dejar de lado mis estudios ni mis aspiraciones como reciente arquitecto, así que participar en un concurso que me permitía seguir viajando por Europa y al mismo tiempo seguir estudiando para complementar mi profesión, parecía una buena idea.

En el momento en que decidí participar me encontraba en Kiruna, un pueblo minero al norte de Suecia, y por esos días tuve la suerte de ver uno de los mejores espectáculos que la naturaleza puede ofrecer: las auroras boreales. Quedé tan asombrado con lo que había vivido que sabía que de alguna manera tenía que incluirlo en el proyecto para el concurso.

Sin entrar en muchos detalles, me puse a pensar en que las reglas del concurso me limitaban físicamente tanto en largo como en ancho pero no especificaba nada en altura, así que, de forma irónica, me pregunté: ¿Por qué no una altura infinita? De ahí surgió el título de la pieza: Infinite Light, una idea que conjuga el concepto de infinito con la idea de luz tomada de mi experiencia con las auroras.

Si bien no sé mucho de edición de videos y, a su vez, no tenía mucho tiempo antes de la fecha límite de entrega, me las arreglé para hacer un video sencillo en base a programas de arquitectura que uso habitualmente.

En el concurso resulté finalista junto a un mexicano y un español. Sin lugar a dudas fue una buena experiencia que me anima a seguir participando en este tipo de concursos y exploraciones creativas.

-Estás finalizando tu portfolio. ¿En qué etapa estás con eso? ¿Viajar por Europa te ha dado nuevas perspectivas para poder terminarlo?

Si bien en Uruguay no es esencial tener un portfolio, acá en Europa es un requisito básico que todos los estudios te piden. A su vez, es una buena manera de ver en retrospectiva tu trabajo académico y profesional hasta el momento y te ayuda a ver cuál es la línea de trabajo en la que más te gustaría trabajar.

En este momento ya lo tengo casi pronto y mi plan es ir a ciudades como Copenhagen, Estocolmo u Oslo y probar suerte allí. Durante mis años en la universidad siempre me había llamado la atención la forma de pensar e interpretar la arquitectura de los países nórdicos, así que venir aquí era una cuestión que siempre tuve pendiente.

En particular siempre me ha gustado el estilo de trabajo de firmas grandes de Escandinavia como BIG (Dinamarca) y Snohetta (Noruega), o estudios más chicos como Reiulf Ramstad Architects (Noruega) y Tham & Videgard Arkitekter (Suecia). Espero poder trabajar y estudiar un tiempo con alguna firma por aquí y así poder volver a Uruguay con más experiencia y poder aplicar un poco de esta forma de pensar y ver la arquitectura, que me parece genial.

-Actualmente estás en Noruega. ¿Qué estás haciendo por allí?

En estos momentos me encuentro en unas islas que se llaman Lofoten y están al norte de Noruega. El plan original era quedarme tres días pero ya voy por la tercera semana. Simplemente no me puedo ir, es espectacular. Son diferentes pueblos, en su mayoría pueblos pesqueros, ubicados entre montañas que desembocan directamente sobre el mar. Para cualquier uruguayo como yo que no está acostumbrado a ver este tipo de paisajes entre fiordos, montañas, cascadas y lagos cristalinos. Es realmente impactante.

En las últimas semanas he tenido algunas entrevistas en Svolvaer y Narvik para trabajar como arquitecto con firmas locales y gubernamentales pero el hecho de no saber noruego ha sido un impedimento en pueblos tan chicos como estos. De todas formas ha sido muy agradable encontrarme con profesionales que están dispuestos a sacrificar un poco de su tiempo para mostrarme su trabajo y darme consejos sobre mi portfolio.

-¿Considerás que para los estudiantes de arquitectura es importante viajar por el mundo, y en particular por Europa? ¿En qué sentido?

Cuanto más viajo, más me doy cuenta del valor que tiene para el arquitecto el hecho de poder ver en carne y hueso ciertas arquitecturas que en Latinoamérica no estamos acostumbrados o que simplemente no imaginamos. No solo hablo de visitar monumentos y las típicas construcciones que vemos en las postales, sino que me refiero a ver y experimentar la arquitectura del día a día que las personas viven y disfrutan con normalidad. Soluciones a lo cotidiano, detalles y sistemas constructivos alternativos son algunas de las cosas que más me gusta ver y fotografiar al llegar a un nuevo lugar.

En estos últimos meses de viaje me topé con el concepto de “slow-traveling”, algo que nunca había escuchado antes. En vez de ir saltando de ciudad en ciudad o de país en país en unos pocos días y con un itinerario apretado (en donde siempre te queda algo por ver o visitar por culpa de andar a las apuradas), el “slow-traveling” privilegia el sentido de experimentar y conocer en profundidad una pequeña comunidad, pueblo o ciudad. Ayuda a crear una conexión mucho más profunda con el lugar que visitás.

Llegás a un punto en el que reconocés a tus vecinos, encontrás tu mejor lugar para tomar un café e incluso sos capaz de dar indicaciones a turistas perdidos que te confunden con un local más. Estos últimos meses descubrí que esta es la manera en que más disfruto viajar y a cada nuevo lugar que llego le dedico una semana como mínimo.

Europa, por su historia e infraestructura turística, es el lugar perfecto para este tipo de viajes. A su vez creo que esta idea de conocer un lugar, en profundidad y sin prisa, es totalmente extrapolable al sentido de explorar nuevas arquitecturas y las diferentes posibilidades que ella puede ofrecer. Cuando tenés tiempo y tranquilidad es cuando realmente podés notar detalles que de una u otra forma se te escaparían.

Si tuviera que dar un consejo a un estudiante de arquitectura sería que aproveche al máximo todas las oportunidades que tenga de viajar durante y después de finalizar sus estudios. Si bien suena a cliché decir que viajar abre la mente y ensancha horizontes, no por ello es menos cierto. Los viajes, más que un escape a la rutina, deberían ser vistos como una forma de conocer y conocerse, y sin lugar a dudas en los últimos meses he aprendido mucho más de lo que podía esperar de mi profesión y de mí mismo.

*Instagram de José Bonifacino, donde documenta su viaje a través de numerosas fotografías.