
La respuesta conduce a una historia donde intervienen el clima, la reutilización de materiales, las exigencias religiosas y las distintas maneras de comprender el patrimonio.
Es el recorrido que proponen los arquitectos Cinta Lluis-Teruel y Josep Lluis i Ginovart, de la Universitat Internacional de Catalunya (España), en “Sostenibilidad y la evolución constructiva de las cubiertas en el gótico meridional”, publicado en Anales de Investigación en Arquitectura, vol. 16, n.º 2 (2026).
El otro perfil de las catedrales góticas
La imagen habitual de una catedral gótica incluye tejados de gran pendiente, torres y una silueta que se impone sobre la ciudad. En el sur de Francia y el levante español, sin embargo, algunas catedrales adoptaron un perfil de cubierta mucho más plano.

El artículo contrasta esas soluciones con el modelo septentrional estudiado e idealizado por Viollet-le-Duc. Entre los ejemplos meridionales aparecen las catedrales de Narbona, Limoges y Barcelona, cuyas formas responden a tradiciones constructivas y condiciones ambientales distintas.
En el Mediterráneo, la radiación solar y las variaciones térmicas influyeron en la configuración de las cubiertas. El estudio vincula esas decisiones con una arquitectura de secciones más contenidas, iluminación difusa y soluciones que favorecían la ventilación. El clima participaba de la forma del edificio, incluso en una arquitectura tan cargada de significado religioso.
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Cerámica reutilizada: una técnica antigua sobre las bóvedas
Sobre las bóvedas de algunas catedrales se colocaron rellenos aligerados con material cerámico, terminados con rasillas, mortero de cal y cerámica triturada. El sistema, conocido como trespol, se relaciona con técnicas de la construcción romana que aprovecharon recipientes cerámicos para reducir el peso de determinadas estructuras.

El artículo reúne testimonios históricos y evidencias arqueológicas de esa tradición. Entre ellas figuran los restos documentados en Tortosa, así como referencias a Barcelona, Mallorca y otras catedrales. Leon Battista Alberti también describió soluciones vinculadas con este modo de construir.
La reutilización de piezas cerámicas muestra una continuidad material entre épocas. Pero sería inexacto atribuir a los constructores medievales los objetivos ambientales actuales: la investigación interpreta hoy esas estrategias como antecedentes de adaptación climática y aprovechamiento de recursos, sin ofrecer mediciones de ahorro energético.
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Del trespol a una terraza ventilada
La cubierta plana también presentaba dificultades. Las variaciones de temperatura producían dilataciones y obligaban a reparar las superficies con morteros de cal. Con el tiempo se desarrolló el terrat, una solución construida sobre pequeños tabiques de ladrillo y terminada con pavimento cerámico.
Frente al trespol, el nuevo sistema ofrecía menor peso, mejor ventilación y mayor aislamiento térmico, de acuerdo con el estudio. El cambio no puede reducirse a una preferencia estética: respondía a problemas observados en el comportamiento de los materiales.
Es una lectura útil para comprender cómo evoluciona una técnica constructiva. La permanencia de una forma —la cubierta de perfil plano— podía depender de modificar aquello que la sostenía y protegía frente a las condiciones ambientales.
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Cuando la cubierta tuvo que representar otra idea de catedral
La historia no terminó con esa adaptación técnica. El estudio vincula los cambios posteriores con las exigencias de representación religiosa y urbana relacionadas con el Concilio de Trento. La cubierta inclinada, asociada a la imagen de las antiguas basílicas, volvió a imponerse en distintas intervenciones.
En Valencia se documenta una transformación en 1773. En Tortosa, la sustitución por un tejado inclinado con teja árabe se completó en 1803. Cambió así una parte del perfil visible del templo y de su presencia en la ciudad.
Pero esa transformación introdujo dificultades nuevas. Al ajustar las pendientes a la disposición preexistente de ábsides y naves laterales, algunas cubiertas de teja quedaron con inclinaciones insuficientes y desarrollaron patologías. La forma que respondía a una determinada imagen religiosa no siempre resolvía adecuadamente las condiciones constructivas heredadas.
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Restaurar la “quinta fachada”: ¿qué pasado recuperar?
Las restauraciones del siglo XX volvieron sobre aquellas transformaciones. Los criterios patrimoniales asociados a la Carta de Venecia (1964) y al Documento de Nara sobre la Autenticidad (1994), junto con nuevas soluciones de aislamiento, favorecieron la recuperación de perfiles anteriores.
El artículo aborda intervenciones en Tortosa (1998), el ábside de Girona (2000) y el de Valencia (2005). En estos casos, recuperar una cubierta significó estudiar sus etapas históricas y buscar sistemas compatibles con la configuración gótica, sin desconocer los problemas que habían impulsado sus modificaciones.
La cubierta aparece así como una “quinta fachada”: una parte del edificio que también expresa su relación con el clima, la técnica y la memoria urbana. Restaurarla exige decidir qué valor se reconoce a cada transformación y qué testimonios permiten fundamentar esa decisión.
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Leer la arquitectura desde arriba
Las catedrales del gótico meridional cuentan una historia que difícilmente se advierte mirando únicamente sus bóvedas, arcos o fachadas. Sus cubiertas conservan rastros de técnicas romanas, respuestas al clima mediterráneo, decisiones religiosas y criterios contemporáneos de conservación.
El estudio de Lluis-Teruel y Lluis i Ginovart permite seguir esas capas históricas a través de documentos, detalles constructivos y comparaciones de las intervenciones. Consultar el artículo completo es también una manera de observar cómo una misma arquitectura puede cambiar de perfil sin dejar de plantear preguntas sobre su identidad.
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