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Alejandro de la Sota: técnica, contenedores industriales y cubos funcionales

Una cercha de acero en forma de parábola poligonal, un lucernario en diente de sierra, una nave donde la luz cae desde arriba sobre una cadena de montaje. En TABSA, la técnica no queda al fondo: da medida, ritmo e imagen al edificio. Décadas después, en los cubos funcionales de Alejandro de la Sota, esa misma confianza en los sistemas constructivos cambia de registro. Ya no necesita ocupar la mirada. Necesita funcionar.

Alejandro de la Sota: técnica, contenedores industriales y cubos funcionales

Sobre ese desplazamiento trabaja el artículo académico “Del contenedor industrial al cubo que funciona: Presencia y ocultación de la técnica en la arquitectura de Alejandro de la Sota”.

El texto, escrito por la Dra. Arq. Ana Pascual Rubio y el Dr. Arq. Luis Tejedor Fernández, y publicado en Anales de Investigación en Arquitectura, estudia una serie de proyectos del arquitecto español a partir de documentos originales conservados en el Archivo de la Fundación Alejandro de la Sota, algunos de ellos inéditos.

La investigación propone una lectura precisa: la técnica puede fundar la forma arquitectónica sin convertirse siempre en su expresión más visible.

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En pocas palabras: qué analiza este paper

El artículo estudia cómo cambia el lugar de la técnica en la arquitectura de Alejandro de la Sota.

En los proyectos de los años 50 y 60, la técnica aparece de forma explícita en grandes contenedores industriales y deportivos: estructura, cubierta, módulo e iluminación participan directamente en la imagen del edificio.

A partir de los años 70, esa presencia se atenúa. Los sistemas constructivos siguen organizando el proyecto, pero lo hacen en cubos funcionales más ligeros, flexibles y silenciosos.

El aporte del paper está en mostrar que, para De la Sota, la técnica no es un fin en sí mismo. Es una manera de ahorrar esfuerzo, facilitar la construcción y mejorar las condiciones de uso del espacio.

Un sistema antes que una imagen

En la obra de Alejandro de la Sota, la técnica llega para corregir una forma ya decidida. En muchos de sus proyectos, está antes: en el módulo, en la sección, en el cerramiento, en la trama que organiza el edificio.

El artículo muestra que, desde los años 50, los aspectos técnicos y constructivos ocupan un lugar continuo en su producción. Esa atención no responde al deseo de exhibir recursos, sino a una manera de entender el proyecto: resolver con sencillez, ahorrar esfuerzo y mejorar las condiciones de uso.

De la Sota trabaja con los medios constructivos de cada momento. Pero no los toma como catálogo de apariencias. Los usa como argumentos de proyecto.

Una cercha, un panel o una envolvente ligera no son, entonces, simples respuestas técnicas. Pueden definir cómo entra la luz, cómo se ordena un programa, cómo se libera una planta o cómo un edificio queda preparado para cambiar.

Para la formación arquitectónica, esa lectura abre una pregunta directa: qué ocurre cuando una decisión constructiva no acompaña a la forma, sino que la produce.

TABSA, CLESA, Maravillas y CENIM: la técnica visible

La primera etapa analizada en el artículo se concentra en los grandes contenedores industriales y deportivos desarrollados entre mediados de los 50 y fines de los 60.

En TABSA, la Central Lechera CLESA, el Gimnasio del Colegio Maravillas y las Naves para el CENIM, la técnica se muestra con claridad. No queda disimulada ni reducida al cálculo. Organiza el espacio, marca el ritmo de la cubierta y construye la atmósfera interior.

En TABSA, el módulo estructural repetido resuelve la nave con grandes cerchas de acero y lucernarios en diente de sierra. La forma responde a la cadena de operaciones de montaje y a una lógica industrial que busca reducir esfuerzo constructivo y creativo.

En CLESA, la sala central de producción se articula con cubiertas que permiten la entrada de luz cenital. En el Gimnasio Maravillas, una gran viga puente invertida condensa en la sección la respuesta funcional y estructural. En CENIM, esa línea de trabajo avanza hacia una mayor levedad: cerchas finas, paños traslúcidos y reflejos que ayudan a diluir visualmente la estructura.

El paper permite ver que, en estos proyectos, la sección no es solo un dibujo técnico: es el lugar donde el edificio piensa. Allí se reúnen estructura, iluminación, programa, cubierta y ambiente.

La arquitectura deja de ser una imagen exterior aplicada sobre una función. Se vuelve la expresión de un orden interno.

Sistemas industrializados y soluciones repetibles

Durante los años 60, De la Sota explora otra posibilidad: que los sistemas industrializados permitan pensar respuestas más generales, flexibles y repetibles.

*Pabellón Polideportivo de Pontevedra / Crédito de imagen: Juanje 2712 / CC BY-SA 4.0*

El artículo analiza esta búsqueda a partir de su trabajo con paneles prefabricados de hormigón de la patente Horpresa y con proyectos donde la trama se convierte en una herramienta para extender soluciones. La industrialización no aparece como una reducción del proyecto, sino como una manera de ordenar problemas.

El Pabellón Polideportivo de Pontevedra ocupa un lugar central en esa etapa. La obra reúne experiencias previas con grandes luces, estructura seriada e iluminación cenital, pero las orienta hacia una pregunta más amplia: cómo debe ser un espacio arquitectónico adecuado para la práctica deportiva.

La respuesta no depende de un gesto irrepetible. Se apoya en un sistema capaz de organizar estructura, gradas, cubierta y cerramiento. El edificio funciona como prototipo: una solución pensada para responder a una necesidad que podría volver a presentarse.

En ese punto, la técnica empieza a cambiar de papel visual. Ya no se trata solo de mostrar el sistema estructural. Se trata de usarlo para simplificar, ordenar y volver transferible una solución arquitectónica.

La búsqueda no es neutra. En el paper, esa confianza en la industria está asociada a la posibilidad de responder a demandas sociales de la época sin caer en personalismos ni excesos.

Bankunión, Aviaco y Caja Postal: prismas de aire, cubos de uso

A partir de los años 70, los grandes contenedores dan paso a cubos funcionales. La técnica sigue en el origen del proyecto, pero su presencia visual se atenúa.

Los concursos no construidos para Bankunión y Aviaco llevan al extremo las posibilidades de los nuevos vidrios. El artículo los presenta como prismas de aire y luz, donde la transparencia busca reducir al mínimo cualquier sensación de peso, carpintería o esfuerzo.

Ese desplazamiento continúa en la Caja Postal y Depósito de Valores de Madrid, primera obra construida por De la Sota con sistemas de industrialización ligera. Allí, la modulación estructural, los cerramientos livianos y los sistemas técnicos ocultos permiten construir espacios flexibles, luminosos y precisos.

Lo importante no es que la técnica desaparezca. De hecho, sigue ordenando el edificio. Lo que cambia es su modo de aparecer.

En esta etapa, De la Sota se distancia del exhibicionismo tecnológico. La técnica ya no necesita declarar su presencia en cada elemento visible. Puede actuar con naturalidad, producir flexibilidad y dejar que el espacio se use sin reclamar protagonismo.

Cuanto menos necesita mostrarse, más profundamente organiza el proyecto.

Correos de León y el cubo que funciona

La Sede de Correos y Telecomunicaciones de León ocupa un lugar clave en el tramo final del recorrido. Allí, De la Sota trabaja con sistemas Robertson: estructura metálica y paneles sándwich de acero conformados en fábrica.

El artículo presenta esta obra como su proyecto de tecnología más avanzada. La rapidez de montaje, la precisión del sistema y la flexibilidad espacial permiten llevar más lejos la idea del cubo que funciona: un volumen capaz de adaptarse a cambios de uso gracias a su claridad estructural y a su organización interior.

*Alejandro de la Sota, Edificio de Correos y Telecomunicaciones, León, 1981. Imágenes del exterior / Fundación Alejandro de la Sota*

Pero el edificio no se limita a aplicar un producto industrial. De la Sota manipula el sistema.

En el interior, la estructura, los forjados, los paneles de la envolvente y las instalaciones quedan vistos. En el exterior, en cambio, el carácter tecnológico se reduce. La chapa se pinta en tono mate “color León”, se dispone en horizontal y a rompejuntas, y se pliega para formar las jambas de los huecos. El resultado evoca un muro de sillería sin dejar de ser una envolvente metálica.

Ese gesto concentra una parte muy fina de la investigación: la técnica no solo resuelve; también puede esconder, sugerir, adaptar su presencia al lugar e incluso introducir un juego sutil.

La arquitectura no niega el sistema. Lo domestica. Lo hace trabajar para que el edificio pueda insertarse en la ciudad sin convertir su tecnología en espectáculo.

¿Qué significa el “cubo que funciona” en Alejandro de la Sota?

En el paper, el “cubo que funciona” refiere a una arquitectura organizada por sistemas técnicos claros, plantas flexibles y soluciones constructivas capaces de admitir cambios de uso.

No se trata de una forma geométrica aislada. Es una manera de proyectar en la que el edificio reduce lo innecesario, ordena su funcionamiento y deja que la técnica actúe con precisión.

En Correos de León, esa idea se vuelve especialmente visible: el edificio se organiza como un volumen funcional, adaptable y técnicamente avanzado, pero su presencia exterior evita el gesto tecnológico evidente.

¿Por qué importa este paper para estudiar arquitectura?

El artículo permite pensar una cuestión central para la formación proyectual: una decisión técnica nunca es solo técnica.

Elegir una estructura, una envolvente, un módulo o un sistema constructivo también define una experiencia espacial. Determina cómo entra la luz, cómo se organiza el programa, cómo se usa el edificio y cómo puede cambiar en el tiempo.

Por eso, la lectura del paper no interesa únicamente como aproximación histórica a Alejandro de la Sota. También ayuda a pensar cómo se aprende arquitectura: observando la relación entre forma, técnica, materialidad, uso y bienestar.

Menos esfuerzo, más precisión

El recorrido que proponen Pascual Rubio y Tejedor Fernández describe una transformación de su visibilidad. Primero, la técnica aparece como presencia estructural: cerchas, lucernarios, grandes luces, módulos repetidos. Después, se integra en sistemas más ligeros, tramas moduladas, cerramientos precisos y cubos funcionales. En ambos momentos, la pregunta sigue siendo arquitectónica: cómo construir con menos esfuerzo innecesario y con mayor capacidad de producir bienestar.

Leído desde la formación en arquitectura, el paper recuerda que una decisión técnica nunca es solo técnica. También define una experiencia espacial, una relación con la luz, una manera de usar el edificio y una posibilidad de cambio.

En De la Sota, la técnica importa tanto que puede llegar a actuar casi sin mostrarse. No porque sea secundaria, sino porque trabaja desde el fondo del proyecto: sostiene, ordena, ilumina, flexibiliza y deja que la arquitectura altere el espacio solo lo necesario para hacerlo habitable.

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