Blog de arquitectura y diseño
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Arquitectura y cine: una sublime relación artística a través de grandes clásicos

La relación entre la arquitectura y el cine es mucho más profunda de lo que generalmente se suele percibir a simple vista.

Si bien es su carácter escenográfico, aquel que hace a la forma y el espacio, el que suele resultar más evidente, el vínculo entre un arte y el otro es sensiblemente significativo.

Es que más allá de sus aspectos formales, la semiótica, la psicología y la estética de todo filme, así como el tratamiento del tiempo, se nutren constantemente de la arquitectura y el diseño

De este modo, la arquitectura en el cine trasciende la mera puesta en escena para ser partícipe, cómplice e incluso protagonista del hecho cinematográfico en sí.

Abordando todas estas dimensiones en su trabajo, el arquitecto y el cineasta dialogan notablemente en su labor, ya que hacer cine, es hacer arquitectura.

Un profundo lazo en el arte

Tanto en el cine como en la arquitectura, se opera de formas muy similares, pero el punto de partida de uno y el otro difieren en forma crucial: uno crea y opera en el mundo de lo real, mientras que el otro lo hace en el de la representación.

Sin embargo, es precisamente en este sentido que la labor del arquitecto en el cine se vuelve elemental, creando y recreando el espacio, construyendo sentido y manipulando la temporalidad. 

3 formas en las que la arquitectura resulta elemental en el cine

Estas son algunas de las formas en las que la arquitectura resulta primordial en el séptimo arte:

1. Como escenario o trasfondo de ambientación

Como mencionamos, es la dimensión más inmediata, ya que se trata de un aspecto inherente al cine. Refiere al arte y la técnica de diseñar y decorar espacios escénicos para construir el espacio —realista, fantástico o simbólico— en el que se ejecuta la acción.

*Castillo de Orava, en Eslovaquia, escenario de Nosferatu*

Suele considerarse al expresionismo alemán como el primer claro y gran ejemplo de la estrecha relación entre la arquitectura y el cine.

Especialmente en la obra de los clásicos directores alemanes de la era del cine mudo, como Robert Wiene, alma mater de El gabinete del doctor Caligari (1920); o Friedrich Wilhelm Murnau, cuyo filme más conocido, indudablemente, es Nosferatu: Una sinfonía del terror (1922).

Arquitectura y cine: Nosferatu

En este último, la arquitectura juega un rol protagónico en tanto se escogen grandes obras arquitectónicas de la Época Medieval para desarrollar la historia, consolidar el ambiente y especialmente para potenciar a los personajes, las situaciones en las que se ven inmersos y la trama. ¿Es acaso posible representar a Nosferatu en otro espacio sin afectar la semántica del relato?

Ciertamente, no, no lo es. El Conde Orlok de Transilvania (Nosferatu), vampiro inspirado en el de la bien conocida novela gótica de Bram Stoker, Drácula (1897), es inseparable del castillo, fúnebre e impenetrable obra arquitectónica que con sus altas y húmedas murallas, innumerables recovecos y oscuras mazmorras, representa el espíritu mismo del romanticismo.

Pero es en El gabinete del doctor Caligari, que narra la historia de un desequilibrado hipnotista de principios del siglo XX que utiliza a un sonámbulo hipnotizado para cometer asesinatos, donde se da el verdadero primer paso. En esta obra, considerada la cúspide del expresionismo alemán, la relación entre la arquitectura y el cine alcanza una dimensión más profunda a través del trabajo en interiorismo del escenógrafo austríaco Alfred Kubin.

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Arquitectura y cine: El gabinete del doctor Caligari

Kubin utilizó los contrastes entre el blanco y el negro (elementos dualistas que representan la mente y la materia) para crear tensión y representarla a través de formas puntiagudas y triangulares, con líneas oblicuas y curvas, así como con estructuras y ambientes que se inclinan y giran en ángulos inusuales para jugar con la luz y la sombra.

2. Como metáfora que construye significado

Esa trascendencia en el espacio escenográfico, generadora de atmósferas y experiencias, permite adentrarse ya en el campo de la psicología, la semántica y las figuras retóricas, donde la arquitectura se transforma en una herramienta que construye significado, cargando de sentido la historia y sus personajes.

*A. Hitchock, O. Wells y S. Kubrick*

A este respecto, entre tantos otros directores de cine que no solo comprendieron sino que adoptaron esta relación como un recurso esencial para sus obras destacan, por ejemplo, Orson Wells, Stanley Kubrick y Alfred Hitchcock.

En la mítica Ciudadano Kane (1941), Wells captura y refleja las neurosis del protagonista en el lenguaje arquitectónico y no solo en el comportamiento, en la acción. Asimismo, hay múltiples escenas en las que el sentido se construye a partir del diseño de interiores y de los espacios que el Sr. y la Sra. Kane habitan, como, por ejemplo, la distancia (física y emocional) que afecta su relación a lo largo del tiempo, materializada en la distancia que mantienen en la mesa donde cada mañana desayunan.

*Ciudadano Kane (1941)*

Pero este tipo de detalles acaparan aún más la atención en la obra de Stanley Kubrick, donde el rol de la arquitectura se hace cada vez más importante. La naranja mecánica (1971), adaptación cinematográfica de la novela de Anthony Burgess, es un muy buen ejemplo.

En este filme, el trabajo sobre la proporción —aspecto sustancial en arquitectura— y la forma, nunca resulta algo armonioso, sino más bien caótico, extravagante y desequilibrado, construyendo sentido en relación con las psicopatologías y la violencia extrema en el comportamiento que define a sus protagonistas.

Arquitectura y cine en La naranja mecánica de Kubrick

Además, varias escenas se desarrollan en obras arquitectónicas reales que también construyen significado, como en la Skybreak House (1965) del Team 4, de lenguaje moderno y vanguardista; o en el Túnel Arancia Meccanica, el Thamesmead Housing Estate o el edificio de Brunel University London, igualmente modernos y brutalistas.

También en Kubrick destaca otro clásico del cine en el que la arquitectura es crucial en términos de lenguaje connotativo: El resplandor (1980). Inspirada en la obra homónima de Stephen King, este filme está íntimamente vinculado con un tipo de edificación muy simbólica y particular, como lo es el laberinto.

Cine y arquitectura: el laberinto en El resplandor de Kubrick

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Tanto en cuanto a la inmensa mansión, que determina el desarrollo de toda la historia en sí y es germen de la psicopatía del protagonista (el síndrome de la cabaña); como en el propio laberinto del jardín, en donde ocurre el desenlace; e incluso hasta en el tapizado del decorado, el concepto borgiano del laberinto, con sus múltiples e infinitos reflejos, atraviesa la totalidad de la obra.

Es que, a su vez, el laberinto es el reflejo mismo de la trama, de sus personajes, de los recónditos rincones en los que el protagonista se pierde al aislarse y profundizar cada vez más en su mente, sin encontrar una salida. Es una trampa de espejos infinita, y, en buena medida, el núcleo de toda tensión en la obra.

3. Como elemento protagónico y unificante de la acción

Pero el protagonismo de la arquitectura en el cine ya podía considerarse como tal desde mucho antes, como en el caso del referido Alfred Hitchock.

Arquitectura y cine: Alfred Hitchock y la psicología en la Casa Bates de Psicosis

Resulta prácticamente indiscutible la notable discursiva entre la arquitectura, el cine y la psicología materializada en Psicosis (1960), donde la lúgubre casa Bates representa con sus tres pisos a los tres conceptos fundamentales de la teoría del psicoanálisis de Freud.

Esta deslumbrante hipertextualidad, descrita por primera vez en Todo lo que usted siempre quiso saber sobre Lacan y nunca se atrevió a preguntarle a Hitchcock (1994), del filósofo esloveno Slavoj Žižek, evidencia cómo el cineasta británico representó en la planta baja el Yo, donde Norman se comporta con normalidad; arriba el Superyó, donde habita la madre ya fallecida; y abajo, en la profundidad del sótano, el Ello, reservado a las pulsiones ilícitas.

Arquitectura y cine: La ventana indiscreta

Como ejemplo de la arquitectura en el cine unificando la acción, asimismo, no hay mejor ejemplo histórico que una obra del propio Hitchock aún más antigua: La ventana indiscreta (1954). 

En este filme, toda la acción se desarrolla en función de una obra arquitectónica, del manejo del espacio y de un elemento de la arquitectura profundamente cargado de simbolismo, como lo es toda ventana.

https://www.youtube.com/watch?v=m01YktiEZCw

Inspirada en el relato It Had to Be Murder (1942), de Cornell Woolrich, este clásico del cine se desarrolla por completo en el patio interior de un edificio con ventanas de grandes proporciones en donde todo en cuanto acontece puede observarse desde cada una de estas. 

Y es a través de la ventana del protagonista desde donde se centra toda la acción, jugando con sus perspectivas, su psicología y percepción, así como también con la del observador, un sujeto que ocupa y experimenta un espacio específico a lo largo del tiempo. En esta obra, la arquitectura es el propio motor del relato, es el nudo y, a su vez, el elemento que permite el desenlace.

Como hemos visto en este breve panorama, la relación entre la arquitectura y el cine, aunque muchas veces puede escapar a la interpretación, siempre está allí, construyendo sentido y generando múltiples dimensiones de significado, polisemia y valor artístico.


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