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¿Qué hace inteligente a una vivienda? Zillennials, tecnología y nuevas formas de habitar

Cerraduras inteligentes, cámaras de seguridad y luces con sensores pueden incorporarse incluso a viviendas de dimensiones reducidas. Pero sumar tecnología no resuelve una pregunta fundamental: ¿qué hace que esas herramientas resulten relevantes para quienes habitan un espacio? 

¿Qué hace inteligente a una vivienda? Zillennials, tecnología y nuevas formas de habitar

Una investigación con zillennials del Área Metropolitana de Yakarta, capital indonesia, permite observar que detrás del interés por las smart homes existen condiciones económicas, familiares y residenciales muy diferentes.

El artículo académico “The role of Smart Homes Technology in shaping zillennial housing preferences in Jakarta metropolitan area, Indonesia”, de Mewan Indra Z., Arif Kusumawanto y Agus Hariyadi, publicado en Anales de la Investigación en Arquitectura, estudia las percepciones y preferencias en torno a las tecnologías de hogares inteligentes entre zillennials del Área Metropolitana de Yakarta, en Indonesia.

A través de una encuesta a 159 participantes, la investigación encuentra un interés elevado por estas tecnologías. Pero también muestra algo especialmente relevante para pensar la vivienda: ese interés no se distribuye de la misma manera entre todas las personas encuestadas y la tecnología explica solamente una parte de las preferencias arquitectónicas observadas.

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Una generación atravesada por el cambio tecnológico

El paper utiliza el término zillennial para referirse a la microgeneración situada entre millennials y generación Z, aproximadamente entre quienes nacieron de 1990 al 2000.

Los autores destacan una particularidad de este grupo: su formación coincidió con la transición entre experiencias analógicas y digitales, en un contexto de creciente integración de la tecnología a la vida cotidiana.

En el Área Metropolitana de Yakarta, esa relación con la tecnología se encuentra además con las condiciones de la vivienda. A este respecto, el paper señala que, ante la escasez de suelo, los desarrolladores construyen viviendas unifamiliares en las periferias urbanas, mientras que la vivienda vertical mantiene una menor preferencia. Incluso viviendas asequibles relativamente pequeñas comienzan a comercializarse bajo la denominación “Smart Home Inside”, con recursos como cerraduras inteligentes, CCTV y luces con sensores.

¿Cómo responden a esa transformación quienes integran la generación que estudia la investigación?

Para explorarlo, los autores realizaron una encuesta mediante una escala Likert de seis puntos. Participaron 159 personas, mayoritariamente de entre 26 y 34 años; el 52,20 % se identificó como soltero y el 66,67 % no era propietario de una vivienda.

Los resultados muestran una primera señal contundente.

Mucho interés no significa una única forma de habitar

Entre los participantes, el 84,28 % manifestó acuerdo con la implementación de funcionalidades de smart home. Además, un 74,21 % mostró fuerte apoyo al equipamiento residencial moderno y un 57,86 % consideró que estas tecnologías reflejan tendencias arquitectónicas contemporáneas.

Son porcentajes elevados. Pero leerlos como una preferencia uniforme ocultaría buena parte de lo que encuentra la investigación.

Cuando los resultados se observan según ingreso, composición del hogar y características de la vivienda, aparecen diferencias. Una misma tecnología puede ser valorada desde situaciones residenciales muy distintas.

Mientras mujeres y hombres de la muestra registraron niveles de interés similares, otras variables mostraron contrastes más marcados, especialmente la composición del hogar, los ingresos y las dimensiones de la vivienda.

La pregunta deja entonces de ser únicamente cuánto interesa una smart home y pasa a ser en qué condiciones ese interés aparece y qué puede significar para diferentes habitantes.

La misma tecnología, viviendas diferentes

Uno de los resultados más llamativos aparece cuando se considera el tamaño de las viviendas.

Los participantes que habitaban residencias de más de 72 m² mostraron un interés elevado por implementar tecnologías de smart home. En el otro extremo, quienes vivían en viviendas menores a 30 m² también registraron niveles muy altos de acuerdo.

Pero ese segundo dato exige una precaución fundamental: el grupo de viviendas menores a 30 m² estaba integrado por solamente cuatro participantes. El propio artículo advierte que un número tan reducido impide generalizar ese resultado.

La investigación plantea, de manera exploratoria, que en espacios compactos la tecnología podría relacionarse con ideas de adaptabilidad y vida contemporánea, mientras que en propiedades mayores podría vincularse con conveniencia, control y gestión de superficies más extensas. Los autores presentan estas posibilidades como interpretaciones que requieren mayor validación, no como explicaciones definitivas.

No existe evidencia suficiente para afirmar que cuanto más pequeña o más grande es una vivienda, mayor será necesariamente el interés por convertirla en smart home. Lo que aparece es un patrón que abre nuevas preguntas sobre la relación entre tecnología y espacio residencial.

Y las dimensiones físicas de la vivienda no son la única variable que introduce diferencias.

Entre querer una smart home y poder incorporarla

Los ingresos muestran otro contraste. Los participantes con ingresos superiores manifestaron una intención particularmente elevada de implementar smart homes y adquirir equipamiento residencial moderno. El paper vincula esta tendencia con una mayor capacidad económica.

Una investigación con zillennials de Yakarta explora cómo tecnología, ingresos, composición del hogar y espacio residencial influyen en las preferencias sobre smart homes.

Sin embargo, entre quienes percibían menos de USD 333 mensuales se registró el porcentaje más alto de acuerdo con la idea de que las smart homes representan una tendencia arquitectónica contemporánea: 69,05 %.

La diferencia resulta sugerente: reconocer una tecnología como expresión de una vivienda contemporánea no necesariamente equivale a encontrarse en las mismas condiciones para incorporarla.

La composición del hogar introduce otra variación. Los participantes solteros y algunos hogares con pocos integrantes mostraron niveles elevados de interés, mientras que el entusiasmo fue menor en el grupo correspondiente a hogares con más de tres hijos. El paper plantea, de manera exploratoria, que los costos, la complejidad de uso y la interacción entre distintos usuarios podrían contribuir a esas diferencias.

Para interpretar estos comportamientos, los investigadores recurren conceptualmente al Technology Acceptance Model (TAM) y a la Unified Theory of Acceptance and Use of Technology (UTAUT), que permiten pensar dimensiones como utilidad percibida, facilidad de uso, expectativas de esfuerzo e influencia social.

Existe, sin embargo, una precisión metodológica fundamental: el estudio no prueba directamente esos constructos mediante escalas validadas específicas. Los utiliza como referencias conceptuales a partir de variables que funcionan como aproximaciones, una limitación que los propios autores reconocen.

La tecnología explica solo una parte de la vivienda

La investigación encontró asociaciones estadísticamente significativas entre el equipamiento moderno, las tecnologías de smart home y la percepción de tendencias arquitectónicas contemporáneas.

Pero esas asociaciones están lejos de explicarlo todo. Los modelos separados explican apenas un 7,4 % y un 9 % de la variación observada, respectivamente. El propio paper identifica este bajo poder explicativo como una de las principales limitaciones del estudio.

Esto indica que las preferencias arquitectónicas registradas probablemente están relacionadas con un conjunto de factores más amplio que los considerados por la investigación.

Los autores reconocen además que los 159 participantes fueron reclutados mediante muestreo de bola de nieve, por lo que la muestra puede no representar al conjunto de zillennials del Área Metropolitana de Yakarta. A eso se suman los tamaños reducidos de algunos subgrupos y el uso conceptual —no como prueba directa— de los modelos TAM y UTAUT.

Esos límites también permiten formular con mayor precisión la pregunta arquitectónica.

Pensar una vivienda atravesada por la tecnología implica mirar más allá de qué dispositivos incorpora: también supone considerar quiénes los utilizan, en qué espacio, con qué recursos y dentro de qué configuración doméstica.

El estudio realizado en Yakarta no ofrece una fórmula universal. Sí muestra que, dentro de la muestra analizada, las preferencias vinculadas con la vivienda y la tecnología no son homogéneas.

Ahí la pregunta inicial adquiere otra dimensión.

Si una misma tecnología puede adquirir sentidos diferentes según el espacio, los recursos y la configuración del hogar, ¿qué hace realmente inteligente a una vivienda?

La investigación completa permite profundizar en los resultados estadísticos, las diferencias sociodemográficas y los marcos de aceptación tecnológica utilizados para estudiar estas preferencias.

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