
El artículo académico “Realismo tardo-capitalista, desterritorialización y ciudad en fuga. Marcos conceptuales para comprender los malls en Valparaíso como ‘entes urbanos’” fue escrito por el Arq. Juan Luis Moraga Lacoste y el Mag. Omar Cañete Islas, ambos de la Universidad de Valparaíso, Chile.
Publicado en el Vol. 15 Núm. 1 (2025) de Anales de Investigación en Arquitectura, la revista científica de la Facultad de Arquitectura de ORT, este paper estudia la influencia del capitalismo tardío en Valparaíso desde las transformaciones impulsadas en Chile desde los años 90. Pero su argumento no queda limitado a ese período: en la introducción, los autores vinculan los cambios urbanos con la revolución económico-política instaurada durante la dictadura militar chilena, entre 1973 y 1990, y más adelante sitúan el nuevo hecho urbano a partir del cambio de política económica de 1975.
Para leer ese proceso, el texto trabaja con un marco teórico de alta exigencia: la desterritorialización en Gilles Deleuze y Félix Guattari, el realismo capitalista en Mark Fisher y la compresión espacio-temporal en David Harvey.
Desde esta base, los autores proponen comprender los centros comerciales, patios de comida, condominios, segundas viviendas y medios de transporte como espacios funcionales de consumo e interacción que pueden adquirir el estatuto de verdaderos entes urbanos.
La pregunta no se agota en el comercio: apunta a qué tipo de ciudad aparece cuando el habitar cotidiano se comprime entre rutas, poder adquisitivo, interiores de consumo, pérdida de identidad local y movimiento permanente.
Deleuze, Fisher y Harvey para mirar el centro comercial
El artículo no usa la teoría como un adorno. La necesita para mirar de otra manera un espacio que parece demasiado conocido: el “mall” o centro comercial. Desde Deleuze y Guattari, la desterritorialización permite pensar cómo el capital transforma el territorio cuando su objeto ya no es solo la tierra, sino la mercancía. En esa lectura, el consumo no aparece como una actividad encerrada en un edificio, sino como una fuerza que mueve personas, objetos, rutas, tiempos y deseos.
Desde Mark Fisher, el realismo capitalista ayuda a entender una ciudad donde las formas del capital absorben historias previas, culturas locales y tendencias que incluso pretendían oponérsele. El mall, más que como un lugar donde se compra, aparece como una forma de organizar lo posible, de convertir la vida cotidiana en circulación, elección, permanencia y consumo.
Desde David Harvey, la compresión espacio-temporal permite leer cómo el tiempo se acelera y el espacio se fragmenta. La ciudad se vuelve una red de trayectos, accesos, interiores y servicios donde actividades que antes podían estar distribuidas se concentran en espacios funcionales. En esa convergencia, el mall deja de ser una suma de locales para funcionar como forma urbana del capitalismo tardío: un lugar donde economía, arquitectura, movilidad, subjetividad y consumo se vuelven inseparables.
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Capitalismo en Chile y pérdida de mundo
El artículo sitúa las transformaciones urbanas en una historia política concreta. Moraga Lacoste y Cañete Islas relacionan los cambios en el área central de Chile con la revolución económico-política instaurada durante la dictadura militar chilena. Esa lectura es importante porque evita presentar los centros comerciales como simples consecuencias de crecimiento urbano o nuevos hábitos de compra. Para los autores, forman parte de un proceso más profundo de reorganización económica, territorial y cultural en Chile.
Asimismo, el paper también identifica el cambio de política económica de 1975 como un punto clave. Desde allí, el nuevo hecho urbano se vincula con el poder adquisitivo, con la cultura de la subjetividad y con una forma de vida atravesada por el mercado.
En Valparaíso, esa transformación se lee sobre una ciudad con una historia material y cultural intensa. Los autores recuerdan que, por su condición portuaria, la ciudad tenía una identidad cultural diferenciada respecto de Santiago. Al mismo tiempo, describen el presente de Valparaíso como el de una ciudad designada patrimonial, con economía estancada y obsolescencia material persistente.
La noción de pérdida de mundo aparece en ese punto. Habitar no es solo tener una morada. Es pertenecer a un lugar, reconocer una trama de referencias, participar de una cultura local y sostener vínculos con una memoria compartida.
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Cuando el artículo habla de ciudad en fuga, no se refiere únicamente a movimiento. También señala la pérdida de identidades locales, la fragmentación del territorio y la tendencia a una homogeneidad de la vida cotidiana y cultural.
El traslado del Congreso Nacional a Valparaíso aparece como un episodio significativo dentro de ese proceso. El paper lo interpreta críticamente: un poder de la nación se desplaza desde Santiago a Valparaíso, pero, según los autores, esa operación no produce un impacto económico relevante para la ciudad ni para la región. El edificio queda leído como una pieza ensimismada, asociada a la imagen del Palacio de Cristal y del mall, sin atrio ni ágora, rodeada por un plan urbano deteriorado.
Esa imagen condensa una crítica más amplia: la ciudad puede incorporar edificios, instituciones y centralidades sin recuperar necesariamente el mundo urbano.
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La ciudad como correlato de la ruta
Una de las frases de mayor densidad que recupera el paper en tal sentido es de Deleuze y Guattari:
“La ciudad es el correlato de la ruta”.
En el artículo, esa idea conecta ciudad, viaje, paso, discontinuidad y huella. La ciudad ya no se entiende solo desde la permanencia del lugar, sino desde el desplazamiento entre fragmentos: rutas, accesos, centros de consumo, interiores, estacionamientos, servicios y nuevas conexiones.
La tesis sostiene también que el éxito del capitalismo neoliberal ha sido transformar espacios públicos en espacios de consumo. Allí los centros comerciales, lógicamente, adquieren una importancia mayor. Son más que programas comerciales; participan en una trama de shopping malls, centros de distrito y circuitos de conexión que reorganizan la experiencia urbana en torno al consumo.
La imagen del Palacio de Cristal vuelve a aparecer para pensar los grandes interiores del capitalismo: espacios protegidos, brillantes, aislados de la intemperie, preparados para el paseo, la exhibición y el poder adquisitivo. Esa interioridad tampoco es neutra. El paper la vincula con formas encapsuladas de vida e interacción cotidiana. La ciudad se comprime en lugares donde consumir, circular, esperar, mirar y desplazarse quedan integrados a una misma lógica funcional.
También aparece una dimensión corporal. Señales, noticias, órdenes, publicidad y desplazamientos actúan sobre los cuerpos en la ciudad. El habitar urbano queda asociado a estrés, movimiento, consumo y fantasías de huida. Por eso la ciudad en fuga no es una metáfora decorativa. Es una forma de nombrar una ciudad fragmentada, acelerada y atravesada por espacios funcionales que reorganizan la relación entre tiempo, espacio y vida cotidiana.
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Mall y Muelle Barón: ¿dos escenas de un mismo problema?
El caso del Mall outlet Jumbo-Nudo Barón permite observar esa discusión en una pieza concreta de Valparaíso.
A este respecto, el paper lo ubica en un sector de gran conectividad vial y urbana: a la salida de Valparaíso, en el nudo vial Barón, a los pies del cerro del mismo nombre. Desde allí se conecta con Avenida España hacia Recreo y Viña del Mar, con Avenida Argentina y la carretera 68, y también con el puerto a través de la continuidad de Avenida Errázuriz.
Ese emplazamiento es decisivo porque sitúa el centro comercial en un lugar estratégico de entrada y salida de la ciudad. Así, el edificio no se comprende solamente desde sus tiendas, sino desde sus accesos, su movilidad, su dinámica interna de consumo y la cantidad de servicios, comercio y personas que concentra.
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El artículo recuerda que, desde inicios del siglo XX y hasta la década de 1960, funcionó allí la central de un gasoducto urbano. Tras quedar abandonado, el lugar fue incorporado al nuevo centro comercial. La fachada de las antiguas oficinas del Gasómetro de Valparaíso se mantuvo por su valor en el imaginario de la ciudad.
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Esa fachada impide leer el mall como si hubiera aparecido sobre un vacío. La operación comercial se monta sobre una huella anterior, conserva un resto reconocible y lo integra a otra lógica urbana.
El paper describe el Mall Barón como un centro con megatiendas ancla, hipermercado, patios de comida, miradores, juegos infantiles, estacionamientos en niveles, conexiones hacia el cerro y hacia el nudo vial, servicios y tienda de materiales de construcción.
Con ese programa, el centro comercial excede la idea de edificio comercial aislado. Reúne movilidad, consumo, permanencia, servicios, accesos y conexión territorial. En el lenguaje de la investigación, puede adquirir el peso de un ente urbano.
El proyecto Mall Plaza Barón, en el Muelle Barón, lleva esa pregunta al borde portuario. Según el artículo, los terrenos fueron licitados por la Empresa Portuaria Valparaíso y adjudicados a Plaza S.A. La licitación incluía exigencias mínimas como proyectar el damero de calles de la ciudad hasta el borde costero, construir tres marinas, un acuario, un teatro municipal y otros equipamientos.

El proyecto fue suspendido después de casi 10 años de tramitación. El paper menciona, en este sentido, la presión de organizaciones y de una parte importante de la ciudadanía, además de la Corte Suprema y organismos internacionales como UNESCO. También señala razones esgrimidas por la Contraloría General de la República.
La controversia no queda reducida a aceptar o rechazar un centro comercial. Para los autores, mantiene vigente la discusión sobre la concepción y el desarrollo de estos entes urbanos en la ciudad.
El Muelle Barón muestra que un mall puede implicar mucho más que superficie comercial. Puede afectar una zona urbana de relevancia, modificar accesos y movilidad, relacionarse con el puerto y poner en cuestión cómo se produce centralidad en una ciudad atravesada por consumo, patrimonio y obsolescencia material.
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Por qué este paper importa para estudiar arquitectura
La fuerza del artículo está en volver problemático un espacio cotidiano. Un centro comercial puede parecer conocido: se entra, se compra, se come, se espera, se estaciona y se sale. Pero el artículo muestra que esos gestos forman parte de una organización urbana mayor, atravesada por capitalismo tardío, desterritorialización, realismo capitalista y compresión espacio-temporal.
Para quienes estudian arquitectura, la lectura es especialmente valiosa porque impide mirar los edificios como objetos aislados:
Una obra se relaciona con modelos económicos, infraestructuras, memorias locales, movilidad, poder adquisitivo y modos de vida.
El artículo académico también enseña que una crítica urbana no se construye solo desde la denuncia. Se construye leyendo condiciones: qué procesos históricos anteceden a una forma, qué flujos concentra, qué memorias conserva, qué identidades erosiona, qué interiores produce y qué hábitos vuelve cotidianos.
En esa lectura, los entes urbanos no son simplemente edificios grandes. Son condensaciones de funciones, desplazamientos, mercancías, servicios e interacción social que adquieren peso propio en la experiencia urbana. Leer el artículo permite profundizar en el marco conceptual y en los casos del Mall Barón y el Muelle Barón. También permite volver sobre una pregunta decisiva para la formación arquitectónica: cómo pensar ciudad cuando la ruta, la mercancía y el consumo participan tan directamente en la producción del habitar.
Leer estos procesos desde Anales de Investigación en Arquitectura no implica aceptar la ciudad en fuga como destino inevitable. Implica aprender a reconocer cómo se produce, qué formas adopta y qué preguntas le plantea al proyecto arquitectónico.
La arquitectura trabaja justamente sobre esas tensiones: cómo se proyectan, representan y transforman los espacios donde ocurre la vida contemporánea.
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