
Esa relación entre enseñanza, patrimonio y territorio está en el centro del artículo académico “Aprendizaje situado, tecnologías emergentes y levantamiento crítico de arquitectura patrimonial en la Puna de Atacama: estudio comparado”.
El texto, escrito por el Arq. Sergio Alfaro Malatesta y la Arq. Carla Cáceres Collao, y publicado en Anales de Investigación en Arquitectura, estudia dos experiencias formativas desarrolladas en contextos distintos: una en España y otra en Chile, en la Puna de Atacama.
Su foco está en el Aprendizaje Basado en Proyectos —ABP—, el levantamiento crítico patrimonial y el uso de tecnologías digitales para documentar arquitectura en riesgo.
La pregunta que recorre el artículo es cercana a la formación arquitectónica: ¿qué aprende un estudiante cuando debe mirar un edificio real, registrar su estado, entender su vínculo con una comunidad y usar herramientas digitales sin perder de vista el lugar?
Qué significa aprender arquitectura en territorio
El aprendizaje situado en arquitectura consiste en estudiar, registrar e interpretar un espacio desde las condiciones concretas que lo hicieron posible: su suelo, sus materiales, su clima, sus usos y las personas que lo habitan o lo reconocen como parte de su historia.
En el artículo, esa idea se trabaja a través de una experiencia desarrollada en la Quebrada de Celeste, en la Puna de Atacama, Chile. Allí, estudiantes de la Universidad Católica del Norte participaron en el levantamiento crítico de estructuras agropastoriles vinculadas a la Comunidad Indígena Atacameña de la Puna que habita el altiplano, en el norte de Chile y el noroeste argentino.

El caso no aparece como un ejercicio abstracto. Tiene materia, escala, deterioros, historia y condiciones ambientales precisas.
Mirar una construcción en la Puna de Atacama exige mirar también el suelo, el clima seco, los materiales disponibles y las formas de vida que la hicieron posible. Allí, el levantamiento arquitectónico empieza con una pregunta sobre el lugar.
Esa quizá sea una de las ideas más sugerentes del artículo: el territorio enseña. Enseña a reconocer límites, a leer huellas, a prestar atención a lo que una estructura conserva y a lo que su deterioro deja ver.
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Levantamiento crítico patrimonial: mirar antes de intervenir
El levantamiento crítico patrimonial no se limita a medir una construcción, sino que supone observar sus materiales, registrar sus lesiones, comprender sus técnicas y leer las relaciones que mantiene con el territorio.
En la Quebrada de Celeste, las estructuras estudiadas forman parte de un sistema de vida ligado al paisaje altoandino. Por eso, documentarlas implica algo más que producir dibujos o modelos, y exige comprender qué lugar ocupan dentro de una comunidad y cómo se relacionan con su entorno.
El artículo permite volver sobre una cuestión decisiva para estudiantes de arquitectura:
antes de intervenir, hay que aprender a mirar.
Mirar, en este caso, significa detenerse en la piedra, en la cubierta, en el espesor de un muro, en una lesión constructiva, en la orientación del conjunto o en la forma en que una construcción responde al clima.
También significa escuchar. El patrimonio arquitectónico no está hecho solamente de materiales. Está hecho de usos, relatos, nombres, prácticas y vínculos que ayudan a comprender por qué una arquitectura importa.
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Tecnologías digitales para documentar patrimonio construido
El trabajo incorpora herramientas como escáner láser, fotogrametría y modelado 3D. En el artículo, esas tecnologías se consolidan como instrumentos de lectura.
Una nube de puntos puede ayudar a detectar deformaciones. Una imagen aérea puede mostrar relaciones que desde el suelo pasan inadvertidas. Un modelo tridimensional puede ordenar información dispersa y volverla útil para el diagnóstico.
Pero el valor de esos registros depende de la pregunta que los guía. La tecnología mide, captura y representa; la mirada arquitectónica interpreta.

Por eso, la experiencia combina herramientas digitales con croquis, fichas, observación directa y trabajo en equipo. El registro patrimonial se vuelve más rico cuando la precisión técnica dialoga con la lectura del lugar.
En esa relación aparece una enseñanza importante para la formación contemporánea: aprender a usar tecnología en arquitectura no consiste solo en dominar un instrumento. También implica saber cuándo usarlo, qué mirar con él y cómo traducir esa información en conocimiento sobre el espacio construido.
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Dos contextos, una misma pregunta formativa
La comparación con la experiencia europea ayuda a ampliar el problema. En España, el artículo analiza un modelo aplicado a edificaciones históricas dentro de una estructura académica consolidada, con etapas de trabajo y evaluación.
En Chile, la experiencia se desplaza hacia un territorio altoandino, con condiciones geográficas y culturales que obligan a ajustar la enseñanza al lugar.
La diferencia entre ambos casos permite ver la flexibilidad del Aprendizaje Basado en Proyectos. En un entorno urbano e institucional, puede ordenar una secuencia técnica de diagnóstico e intervención. En la Puna de Atacama, abre una experiencia marcada por la altura, la comunidad, el patrimonio rural y el trabajo en terreno.
La arquitectura se aprende de otro modo cuando el caso de estudio no está reducido a una lámina o a un archivo. Allí aparecen imprevistos, decisiones de registro, límites físicos, conversaciones, desplazamientos y formas de atención que modifican el aprendizaje.
Para un estudiante, esa experiencia puede cambiar la manera de entender el proyecto. El edificio deja de ser una figura aislada y empieza a leerse como parte de una red de relaciones: con el paisaje, con los materiales, con quienes lo habitan y con quienes buscan conservarlo.
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El artículo, publicado en Anales de Investigación en Arquitectura (Vol. 16, N.º 1, enero-junio de 2026), la revista científica de la Facultad de Arquitectura de la Universidad ORT Uruguay, desarrolla con mayor profundidad el marco teórico, la metodología comparada, los casos de estudio y los resultados de la experiencia.
Su lectura completa permite entrar en detalles que este recorrido apenas introduce: cómo se organizó el trabajo en terreno, qué criterios guiaron la comparación entre España y Chile, qué tecnologías se aplicaron y qué aprendizajes surgieron del encuentro entre patrimonio, territorio y documentación digital.
El texto también incluye imágenes, esquemas, registros de campo y productos gráficos que ayudan a comprender el alcance del levantamiento crítico realizado en la Puna de Atacama.
Para estudiantes, puede ser una lectura útil porque muestra cómo los conocimientos técnicos adquieren sentido frente a un caso real. Para docentes, ofrece una experiencia concreta para pensar metodologías activas. Para quienes se interesan por el patrimonio, presenta una forma de documentación donde el edificio importa junto con el territorio que lo sostiene.
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Leer el lugar antes de transformarlo
Toda intervención arquitectónica comienza con una lectura. Antes de decidir qué hacer, hay que reconocer qué existe, cómo fue construido, qué deterioros presenta y qué vínculos mantiene con quienes lo habitan o lo recuerdan.
El artículo de Alfaro Malatesta y Cáceres Collao vuelve visible esa dimensión de la enseñanza. Formar arquitectos para trabajar con patrimonio implica entrenar una atención capaz de unir materia, historia, comunidad y proyecto.
Leído desde la formación arquitectónica, el texto recuerda que proyectar empieza antes de la forma: empieza en la observación, en el reconocimiento del lugar y en la capacidad de convertir esa lectura en una decisión responsable.
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