
Esa relación entre presente y pasado no es directa. El propio estudio advierte que las construcciones actuales no pueden considerarse iguales a las coloniales. Las observa junto con fuentes históricas, mapas y memorias orales para investigar tradiciones asociadas a los procesos cimarrones.
Es el punto de partida de “La arquitectura vernácula como un objeto técnico en los procesos de poblamiento cimarrón”, artículo del Arq. Gustavo Adolfo Arteaga Botero publicado en Anales de Investigación en Arquitectura. El trabajo estudia los palenques desde la relación entre arquitectura, técnica y territorio y propone los conceptos de urbanismo y fundaciones cimarronas.
La investigación combina microhistoria, cartografía etnográfica y etnografía arquitectónica. Su recorrido va de los documentos coloniales y los mapas históricos a comunidades afrodescendientes actuales.
Los palenques, otra forma de organizar el territorio
Los palenques estuvieron vinculados a la resistencia de comunidades de africanos esclavizados frente al control colonial. El artículo propone observarlos también como sistemas y redes de poblamiento.
La diferencia con las fundaciones hispánicas resulta significativa. Frente a la plaza, el damero y la jerarquía eclesiástica, en los procesos cimarrones aparecen otras relaciones entre familia, redes sociales y territorio.
Para estudiarlas, Arteaga Botero recurre al concepto de objeto técnico de Gilbert Simondon. Las construcciones dejan de verse como piezas aisladas y pasan a entenderse desde la interacción entre quienes las producen, las técnicas que utilizan y el medio donde se insertan.
Así aparece una de las ideas centrales del paper: un urbanismo cimarrón capaz de organizar el poblamiento por fuera del modelo colonial español.
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Construir sobre el agua
En la Ciénaga Grande de Santa Marta, la arquitectura palafítica muestra esa relación en términos materiales. Elementos de madera forman pórticos, mientras los pilotes elevan el piso sobre el agua.

Las soluciones responden a suelos inundables y ciclos hídricos, pero el paper las relaciona también con movilidad y defensa. En los palenques, determinadas formas de construir podían facilitar la protección frente a las expediciones coloniales.
La arquitectura tampoco permaneció inmóvil. El autor plantea un pasaje desde soluciones efímeras hacia estructuras más permanentes durante los siglos XVII y XVIII. Las técnicas se modificaban con el medio y con las necesidades de las comunidades.
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El río Cauca como red
Los documentos coloniales y la cartografía llevan a Arteaga Botero a proponer una red de palenques entre el norte caribeño y la región central andina articulada por el río Cauca.

Antioquia y el Viejo Caldas forman parte de esa reconstrucción. La investigación relaciona el desplazamiento hacia la región andina con la minería del oro y encuentra en zonas como Remedios y Zaragoza referencias a fugas de personas esclavizadas y formas de poblamiento cimarrón.
El río aparece entonces como algo más que un dato geográfico. Permite leer conexiones entre asentamientos, áreas mineras y desplazamientos. La arquitectura empieza a revelar una organización territorial.
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Del mangle a la guadua
El cambio de paisaje también modifica la construcción. En los ambientes costeros, el estudio observa sistemas palafíticos y maderas como el mangle. En el territorio andino identifica una transición hacia la guadua y estructuras livianas capaces de responder a terrenos con pendientes pronunciadas.

La investigación incorpora aquí la memoria oral de comunidades afrodescendientes. En El Guamal, Supía, esas memorias permiten explorar tradiciones constructivas asociadas a los procesos cimarrones.
No se trata de afirmar que una vivienda actual reproduce una construcción de los siglos XVI o XVII. El interés está en seguir conocimientos, materiales y prácticas que se transforman al desplazarse entre distintos paisajes.
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Una historia colonial vista desde otras arquitecturas
Ríos, costas y montañas forman lo que el artículo estudia como paisajes técnicos. En ellos, los palenques aparecen vinculados a redes de resistencia, producción e intercambio.
Arteaga Botero lleva esa interpretación hasta los procesos de globalización temprana. A este respecto, relaciona minería, navegación y poblamiento con circuitos comerciales de mayor alcance y propone reconocer a los cimarrones también como actores técnicos y económicos. Es una de las hipótesis más amplias de la investigación y abre preguntas que requieren nuevas evidencias.
Ahí está uno de los aportes del paper. Frente a una historia de la arquitectura colonial centrada en las fundaciones europeas, los palenques permiten estudiar otras maneras de construir, poblar y organizar el territorio.
La vivienda de Nueva Venecia con la que comienza este recorrido no ofrece una imagen intacta de ese pasado. Permite formular otra pregunta: qué puede permanecer —y qué puede transformarse— cuando una comunidad transmite formas de trabajar con los materiales y el paisaje.
El artículo completo desarrolla las fuentes coloniales, las cartografías y las técnicas constructivas que sostienen esta investigación, así como sus límites y futuras líneas de estudio.
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