
El artículo académico “Razonamiento espacial y su expresión en la metodología de transición del diseño 2D al 3D en estudiantes de Arquitectura”, publicado en Anales de Investigación en Arquitectura —Vol. 15, N.º 2, julio-diciembre 2025—, analiza una experiencia práctica con 21 estudiantes del Taller de Diseño I-2025 de una Universidad Nacional en Huánuco, Perú.
El estudio aplica dos subtests del Purdue Spatial Visualization Test —Visualization of Developments (PSVT:V) y Visualization of Rotations (PSVT:R)— y evalúa los modelos mediante una rúbrica analítica 2D-3D. A partir de esa combinación, el paper observa niveles medio-altos de razonamiento espacial y asociaciones positivas, aunque no estadísticamente significativas, entre los puntajes del PSVT y el desempeño proyectual.
La lectura completa permite entrar en el detalle metodológico, los resultados descriptivos y las diferencias observadas entre modelos físicos de estudiantes con distintos niveles de razonamiento espacial.
El razonamiento espacial en el inicio del proyecto
El paper define el razonamiento espacial como una habilidad cognitiva vinculada con imaginar y visualizar cómo los objetos pueden moverse, girarse o combinarse en dos y tres dimensiones.
En el campo de la arquitectura, esa habilidad interviene cuando una representación bidimensional debe transformarse en una configuración tridimensional coherente. La investigación trabaja esa transición a través de dos dimensiones diagnósticas: visualización espacial, evaluada mediante Visualization of Developments (PSVT:V), y rotación mental, evaluada mediante Visualization of Rotations (PSVT:R).
La experiencia práctica observa cómo esas habilidades se expresan en el paso del diseño 2D al 3D. Para evaluar los modelos, la rúbrica considera cuatro criterios: coherencia formal entre la composición 2D y su versión 3D, comprensión de profundidad y escala, fidelidad de la transformación proyectual y calidad técnica.
El estudio se concentra en operaciones cognitivas y geométrico-espaciales documentadas por la fuente: visualizar desarrollos, rotar mentalmente, comprender profundidad y escala, transformar una composición bidimensional y mantener coherencia formal en el modelo tridimensional.
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Dos subtests para leer habilidades espaciales
La primera etapa del estudio fue diagnóstica. Los 21 estudiantes resolvieron digitalmente los subtests PSVT:V y PSVT:R antes de iniciar la experiencia práctica.

El Visualization of Developments (PSVT:V) se utiliza para evaluar visualización espacial. El Visualization of Rotations (PSVT:R) se utiliza para evaluar rotación mental. En conjunto, la prueba aplicada en el estudio reúne 60 ítems de opción múltiple, 30 por cada subtest, con preguntas gráficas y cinco alternativas posibles.
Ese diagnóstico se completa con una evaluación proyectual. La rúbrica analítica 2D-3D observa cuatro aspectos del trabajo: coherencia formal entre la composición 2D y su versión 3D, comprensión de profundidad y escala, fidelidad de la transformación proyectual y calidad técnica.
El cruce entre prueba y rúbrica permite comparar dos planos del aprendizaje: las habilidades espaciales medidas antes del ejercicio y su expresión en un modelo físico realizado dentro de una secuencia de taller.
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Elevar, hundir, plegar
La segunda etapa del estudio organiza la transición 2D-3D como una secuencia progresiva.
Primero, cada estudiante desarrolla una composición bidimensional abstracta. Esa composición se analiza según estructura formal, ejes de organización, zonas de intensidad y principios ordenadores. Luego se proyectan transformaciones posibles: elevar, hundir, plegar.
El croquis volumétrico funciona como paso intermedio. Los estudiantes seleccionan entre tres y cinco formas clave, les asignan alturas simbólicas y construyen una primera versión en perspectiva. Sombras, tramas y texturas ayudan a ensayar profundidad, jerarquía y orientación.
La construcción del modelo físico llega al final de esa cadena. La maqueta permite comprobar cuánto de la organización inicial se conservó, qué relaciones cambiaron y cómo se resolvió la transición entre dibujo plano y volumen.
En esa metodología, el modelo tridimensional forma parte de una serie: composición, análisis, transformación, croquis y construcción a escala.
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Lo que muestran los modelos físicos
Las Figuras 6 y 7 del paper comparan modelos tridimensionales realizados por estudiantes con distintos niveles de razonamiento espacial.
En los trabajos asociados a niveles altos de razonamiento espacial, las composiciones 2D se transforman en volúmenes más complejos y coherentes. Aparecen variaciones de altura, operaciones de sustracción, estructuras dinámicas y relaciones formales más integradas.

En los trabajos asociados a niveles medios, la transición tiende a resolverse mediante extrusiones básicas de formas planas. Los modelos resultan más rígidos y presentan menor integración formal entre partes.
La diferencia registrada por el paper se lee en decisiones específicas: profundidad, escala, sustracción, jerarquía, continuidad y dirección del volumen. El modelo físico permite observar cómo una habilidad cognitiva se manifiesta en una tarea proyectual.
La maqueta queda vinculada al diagnóstico. Su lectura aporta información sobre el modo en que cada estudiante comprende y transforma relaciones espaciales.
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Resultados y alcance de la evidencia
El promedio del PSVT Total fue de 45.143 puntos sobre 60, valor que el paper ubica en un nivel medio-alto de razonamiento espacial. La rúbrica analítica 2D-3D alcanzó una media de 13.333 sobre 20, con predominio de desempeños medios.
En los dos subtests del PSVT, la media fue exactamente la misma: M = 22.571 para PSVT:V y M = 22.571 para PSVT:R. La leve preponderancia de la rotación mental señalada en el artículo académico surge de otros indicadores descriptivos: la mediana fue 24 en PSVT:R y 23 en PSVT:V; la moda fue 25 en PSVT:R y 22 en PSVT:V.
Las asociaciones entre PSVT y rúbrica fueron positivas, sin significación estadística. PSVT:R y rúbrica registraron r = 0.291, p = .200; PSVT Total y rúbrica, ρ = 0.303, p = .179; PSVT:V y rúbrica, ρ = 0.152, p = .500. Estos resultados indican una tendencia, dentro de una muestra reducida, sin afirmar causalidad.
La Tabla 2 permite observar esa tendencia por niveles. Entre los estudiantes con nivel alto de PSVT Total, el 81.8 % alcanzó desempeño medio y el 18.2 % desempeño alto en la rúbrica. Entre quienes tuvieron nivel medio de PSVT Total, el 30 % obtuvo desempeño bajo y el 70 % desempeño medio. La prueba chi-cuadrado no alcanzó significación estadística: χ² = 5.214; p = .074.
El alcance del estudio queda definido por su propio diseño: 21 estudiantes, enfoque cuantitativo, no experimental, transeccional descriptivo-correlacional, sin manipulación de variables y sin grupo control. El paper no generaliza sus hallazgos a toda la población de estudiantes de Arquitectura; presenta tendencias transferibles a contextos formativos iniciales similares.
La autora recomienda implementar herramientas diagnósticas tempranas y metodologías activas, replicar el estudio con muestras más amplias e incorporar análisis cualitativos como diarios reflexivos o entrevistas. También propone explorar tecnologías emergentes, como realidad virtual y aumentada, para fortalecer el pensamiento tridimensional en los primeros niveles de la carrera.
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El artículo de Serrano-Mariño plantea una pregunta concreta para la enseñanza de arquitectura: cómo acompañar el momento en que una composición plana debe adquirir profundidad, escala y organización volumétrica.
En el taller, ese aprendizaje puede observarse en decisiones específicas: qué formas se elevan, cuáles se hunden, dónde aparecen sustracciones, cómo se conserva la relación con la composición 2D y qué grado de integración formal alcanza el modelo tridimensional.
La formación inicial necesita herramientas para leer esas operaciones mientras ocurren. El estudio aporta una forma de hacerlo: combinar diagnóstico espacial, experiencia práctica y evaluación proyectual para comprender mejor cómo cada estudiante aprende a transformar el plano en volumen.
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