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Ambientes de aprendizaje y diseño escolar participativo con la comunidad educativa

Una docente se inclina sobre el plano de su escuela. Traza una jornada: la entrada, los pasillos, la ida al patio, la sala de psicomotricidad, el comedor. Marca los puntos donde la rutina fluye y los lugares donde el edificio la vuelve más difícil. En esa hoja aparecen ruido, distancia, cruces, usos repetidos. El plano técnico empieza a comportarse como un registro de vida escolar.

Ambientes de aprendizaje y diseño escolar participativo con la comunidad educativa

Esa escena permite entrar al artículo académico “Diseño para el aprendizaje: Un enfoque participativo para la concepción de los ambientes educativos en el contexto uruguayo”, de la Dra. Arq. Paula María Cardellino Alvarez, investigadora de la Facultad de Arquitectura de la Universidad ORT Uruguay.

Publicado en Anales de Investigación en Arquitectura, el paper presenta un método para involucrar a la comunidad educativa en procesos de diseño escolar y favorecer la colaboración entre docentes y arquitectos.

La idea de fondo es precisa: un ambiente de aprendizaje se configura en el cruce entre espacio, usuarios y prácticas pedagógicas. Por eso, proyectar un edificio educativo exige atender cómo se enseña, cómo se circula, qué lugares se valoran, dónde aparecen fricciones y qué cambios pedagógicos espera cada comunidad.

El método se aplicó en Uruguay durante el proceso de diseño de un nuevo edificio para nivel Inicial de un colegio privado de Montevideo. A través de actividades visuales y espaciales, docentes, auxiliares y especialistas revisaron el edificio existente, discutieron expectativas pedagógicas y produjeron insumos que luego llegaron al equipo de arquitectos.

La pregunta que recorre el trabajo es directa: ¿qué ocurre cuando el diseño de espacios educativos comienza escuchando a quienes los usan todos los días?

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Un plano que aprende del uso

El primer ejercicio del método se llama mapeo de un día. Cada participante dibuja sobre un plano sus recorridos de una jornada típica y marca los lugares que funcionan y los lugares que no funcionan.

*Ejemplo de mapeo de un día típico realizado por una docente participante / Anales de Investigación en Arquitectura | Vol. 16 N.º 1, enero-junio 2026*

En el caso estudiado, el taller reunió a 18 participantes, entre docentes, auxiliares y especialistas en educación. Al trabajar sobre el plano, aparecieron valoraciones muy concretas: el área exterior y la sala de psicomotricidad fueron leídas como espacios positivos; el acceso al patio, la cercanía con los baños, la distancia respecto al gimnasio y el ruido del comedor surgieron como puntos de conflicto.

Ese tipo de información rara vez aparece con nitidez en una planta limpia. Necesita la marca de quien recorre la escuela, espera en sus pasillos, acompaña a los niños, organiza una actividad o detecta que cierto cruce se vuelve incómodo todos los días.

Cuando la experiencia docente queda dibujada, el plano gana otra densidad. Ya no muestra únicamente aulas, patios y corredores. Muestra uso.

Ambientes de aprendizaje: el edificio en uso

El paper trabaja con una idea decisiva para la arquitectura educativa: el espacio escolar participa en la vida pedagógica. Su forma, sus conexiones, sus distancias y sus posibilidades de apropiación inciden en lo que docentes y niños pueden hacer dentro de él.

En una escuela, un corredor puede ser circulación o espera. Un patio puede funcionar como expansión del aula o quedar limitado por accesos difíciles. Un comedor puede ordenar la jornada o introducir ruido y tensión. Una sala de psicomotricidad puede convertirse en un recurso central para el nivel Inicial.

Por eso, el artículo de Cardellino habla de ambientes de aprendizaje y no simplemente de edificios escolares. El ambiente aparece como una relación: espacio construido, organización institucional, prácticas docentes, experiencias de los usuarios y expectativas pedagógicas.

En el caso analizado, el nuevo edificio debía acompañar una propuesta de cambio pedagógico para niños de 3 a 5 años. La institución buscaba un entorno abierto e inspirador, capaz de apoyar enfoques pedagógicos progresistas. El diseño arquitectónico entraba así en una conversación más amplia sobre cómo enseñar y cómo aprender.

Mapear, ordenar imágenes, armar collages

El método participativo combina tres actividades. Cada una produce un tipo distinto de información para el proyecto. El mapeo de un día trabaja con la experiencia del edificio existente. Lleva al plano los recorridos, las zonas valoradas y los problemas que afectan la rutina.

La clasificación en diamante introduce fotografías de ambientes educativos. Los grupos las ordenan según representen lugares buenos o pobres para aprender. En el taller, los espacios abiertos con rincones, nichos y mobiliario móvil fueron valorados con consistencia. La imagen del aula tradicional quedó en último lugar.

*Ejemplos de resultados de ejercicios de grupos participantes / Anales de Investigación en Arquitectura | Vol. 16 N.º 1, enero-junio 2026*

La tercera actividad es el collage de propuestas. Los grupos seleccionan ideas para el nuevo centro educativo y las combinan con imágenes, necesidades detectadas, efectos esperados y próximos pasos. En esas mesas de trabajo, la arquitectura se vuelve conversable. Las fotografías ayudan a discutir valores pedagógicos. Los collages ordenan deseos y prioridades. El plano marcado acerca al proyecto información que viene del uso cotidiano.

Lo que el taller cambió en el proyecto

Los collages y debates hicieron visible una expectativa compartida: avanzar más allá del modelo de aula tradicional cerrada. También aparecieron cuidados necesarios para que ese cambio pudiera sostenerse: ampliar espacios, favorecer la enseñanza en equipo, promover la codocencia y acompañar a los docentes en el uso del nuevo edificio.

A partir del taller se elaboró un informe para las autoridades del centro educativo. Ese documento llevó a revisar el plan original de los arquitectos proyectistas, que proponía aulas cerradas y corredores tradicionales. La dirección del centro lo consideró inadecuado frente a los hallazgos del proceso participativo.

El diseño final incorporó espacios abiertos y flexibles, mobiliario móvil y áreas integradas. Esa organización buscaba facilitar actividades simultáneas, trabajo en pequeños grupos y mayor visibilidad.

El artículo cuida bien este punto: el edificio nuevo necesitaba también aprendizaje profesional. Durante la construcción se ofrecieron sesiones con expertos invitados y recursos de aprendizaje en línea para acompañar la apropiación del espacio y la exploración de prácticas pedagógicas coherentes con la innovación propuesta.

El cambio, entonces, no quedó depositado únicamente en la forma arquitectónica. Requirió tiempo, formación y una disposición institucional a revisar modos de enseñanza y organización.

Docentes y arquitectos sobre la misma mesa

La experiencia del docente y la herramienta del arquitecto no siempre hablan el mismo idioma. Una maestra puede reconocer que el comedor produce ruido, que un acceso genera congestión o que cierta sala sostiene mejor una actividad. El arquitecto puede traducir esas observaciones en relaciones espaciales, proporciones, conexiones, aperturas, mobiliario y organización del programa.

El método de Cardellino trabaja sobre ese encuentro. Los planos intervenidos, las fotografías ordenadas y los collages operan como piezas intermedias: materiales visibles, discutibles, modificables.

Gracias a esas herramientas, los educadores pudieron pensar en términos arquitectónicos y comunicar mejor sus ideas al equipo proyectista. La participación dejó registros concretos: recorridos marcados, preferencias espaciales, tensiones detectadas, prioridades pedagógicas.

Allí aparece uno de los aportes más valiosos del artículo para la arquitectura educativa. La consulta no queda reducida a una opinión general sobre el edificio. Se convierte en información proyectual: una manera de reconocer qué necesita esa comunidad para imaginar un ambiente de aprendizaje propio.

Leer Anales para entrar en el método completo

El artículo de Cardellino, publicado en Anales de Investigación en Arquitectura, desarrolla con mayor profundidad el marco teórico, las referencias sobre diseño participativo, los métodos visuales, el caso uruguayo, las actividades realizadas y la discusión sobre arquitectura y pedagogía.

La lectura completa permite seguir el proceso con mayor detalle: desde el contacto inicial del colegio con el equipo de investigación de la Facultad de Arquitectura de Universidad ORT Uruguay hasta la revisión del diseño original y las preguntas abiertas que deja el estudio.

El paper también ubica el alcance del caso con precisión. La arquitectura aparece como una parte de la respuesta educativa: importante, concreta, capaz de abrir posibilidades, pero vinculada siempre a prácticas docentes, acuerdos institucionales y formas de uso.

La investigación deja planteada una línea fértil para futuros trabajos: cómo incorporar mejor las voces de quienes habitan los centros educativos para comprender cómo se usan, se transforman y pueden rediseñarse.

Antes de proyectar, mirar cómo se habita

En el caso analizado, la escuela aparece en gestos concretos: una llegada al patio que se cruza con los baños, un comedor ruidoso, una sala de psicomotricidad valorada, un gimnasio lejano, un aula tradicional que deja de convencer, un grupo docente que imagina otra organización del aprendizaje.

Para la formación en arquitectura, esa lectura es especialmente valiosa. Proyectar exige dibujar, calcular, representar y construir. También exige mirar con atención lo que un espacio ya produce en la vida cotidiana.

El paper de Cardellino propone una tarea lenta y necesaria antes de cerrar una solución: observar cómo se mueve una jornada, qué lugares concentran tensiones, qué prácticas se quieren transformar y qué ideas pedagógicas aparecen cuando el plano vuelve a manos de sus usuarios. En arquitectura educativa, diseñar empieza muchas veces ahí: en la capacidad de escuchar lo que el espacio ya está diciendo.

Leé el artículo completo

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