En esta edición, el jurado reconoció a Radić por una práctica que rehúye los lenguajes repetibles y aborda cada proyecto como una investigación específica, guiada por el contexto, el uso, la memoria cultural y una atención constante a la experiencia humana, según resume el anuncio oficial del Premio Pritzker 2026.
El reconocimiento vuelve a poner a Chile en el centro del debate arquitectónico internacional. A partir del listado histórico de ganadores del Premio Pritzker, Radić se convierte en el quinto arquitecto latinoamericano en recibir este galardón, después de Luis Barragán, Oscar Niemeyer, Paulo Mendes da Rocha y Alejandro Aravena.
Smiljan Radić Clarke, el ganador del Premio Pritzker 2026
El arquitecto Smiljan Radić Clarke nació en 1965, en Santiago de Chile, en una familia de origen inmigrante: por línea paterna, con raíces en Brač, de Croacia, y por línea materna, en el Reino Unido. Pasó buena parte de su infancia dibujando y su acercamiento a la arquitectura fue gradual, impulsado por experiencias, dudas y descubrimientos más que por una revelación temprana.
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Estudió arquitectura en la Pontificia Universidad Católica de Chile, se graduó en 1989 y más tarde cursó estudios en el Istituto Universitario di Architettura di Venezia, una etapa formativa que el propio premio vincula con su apertura hacia la historia, la filosofía, el arte y las referencias literarias y míticas.
Durante sus años universitarios conoció a la escultora Marcela Correa, con quien sostuvo una relación decisiva tanto en el plano personal como en el creativo. En 1995 fundó en Santiago su estudio, Smiljan Radić Clarke, que el premio describe como una práctica deliberadamente íntima en escala. Más tarde, en 2017, creó la Fundación de Arquitectura Frágil, también en Santiago, como una plataforma de intercambio, archivo y experimentación.
Radić resume una de las tensiones que más atraviesan su obra:
“A veces, hay que producir las propias raíces. Eso te da libertad”.
Esa idea, que liga identidad, desplazamiento y construcción de sentido, ayuda a entender buena parte de una arquitectura que trabaja con la fragilidad, la protección y la memoria sin caer en la nostalgia.
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Esa sensibilidad personal también atraviesa la lectura que el jurado hizo de su trayectoria, donde la fragilidad, la memoria y la experiencia del espacio aparecen como claves constantes. En ese marco, el Premio Pritzker 2026 reconoció una obra que evita las fórmulas repetibles y convierte cada proyecto en una investigación singular.
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El camino al Premio Pritzker 2026
De acuerdo con el anuncio oficial del Premio Pritzker 2026, Radić fue distinguido por una arquitectura que evita la fórmula y que se construye desde una investigación singular en cada proyecto. En esa lectura, el sitio, el uso y la conciencia antropológica pesan más que cualquier firma estilística reconocible, mientras que el contexto deja de ser solo un dato físico para convertirse también en historia, práctica social y circunstancia política.

La citación oficial del jurado del Premio Pritzker 2026 sostiene que la obra de Radić se sitúa en una encrucijada entre experimentación material, memoria cultural y una postura radical frente a la incertidumbre. En esa misma declaración, el jurado afirma que sus edificios pueden parecer temporales, inestables o deliberadamente inacabados, pero aun así ofrecen un refugio estructurado, optimista y discretamente alegre. Más que imponer una certeza rotunda, su arquitectura abraza la vulnerabilidad como condición de la experiencia vivida.
Otro aspecto decisivo del fallo aparece en la citación oficial del jurado, donde se afirma que sus edificios no fueron concebidos simplemente como artefactos visuales, sino como espacios que exigen una presencia corporal y una experiencia directa. Esa idea resulta clave para entender por qué el reconocimiento no premia solo una estética o una colección de objetos singulares, sino una forma de hacer arquitectura que devuelve espesor, ambigüedad y atención al tiempo, al cuerpo y a la percepción.
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El anuncio también recupera una declaración del propio Radić que resume bien el clima de su trabajo:
“La arquitectura existe entre formas grandes, masivas y duraderas (...) y construcciones pequeñas y frágiles (...). Dentro de esa tensión de tiempos dispares, buscamos crear experiencias que porten una presencia emocional”.
En esa frase ya están condensadas varias de las claves que el jurado destaca en su obra: la convivencia de escalas, la tensión entre permanencia y fragilidad, y una voluntad de producir experiencias que interrumpan la indiferencia cotidiana.
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7 obras para entender la arquitectura de Smiljan Radić Clarke
A lo largo de más de tres décadas de trayectoria, Smiljan Radić Clarke desarrolló una obra que abarca instituciones culturales, espacios cívicos, edificios comerciales, viviendas privadas e instalaciones temporales. Las siguientes obras permiten entender, desde distintas escalas y programas, por qué el jurado distinguió una arquitectura atenta a la fragilidad, la experiencia y la memoria del lugar:

1. Restaurant Mestizo (Santiago, 2006)
Según el anuncio oficial del Premio Pritzker 2026, Restaurant Mestizo es uno de los ejemplos más claros de la manera en que Radić trabaja la relación entre arquitectura y terreno, ya que el edificio aparece parcialmente incrustado en el suelo en lugar de imponerse sobre él. El jurado vuelve sobre esta obra para describir una arquitectura que invita a la interpretación antes que al consumo inmediato.

2. Casa Pite (Papudo, 2005)
Casa Pite fue orientada para protegerse de los vientos dominantes y de la luz dura, una decisión que convierte al clima y al paisaje en parte constitutiva del proyecto. Para el jurado del Pritzker 2026, esta obra también ayuda a comprender esa condición de edificios que parecen apenas tocar el suelo, como si fueran huéspedes del lugar antes que sus dueños.

3. Casa para el Poema del Ángulo Recto (Vilches, 2013)
Esta casa aparece descrita como un retiro contemplativo, con aberturas cuidadosamente orientadas hacia arriba para capturar la luz y el tiempo y fomentar la quietud y la introspección. Dentro del recorrido del arquitecto, esta obra muestra con claridad la dimensión poética y casi literaria de una arquitectura que no se limita a resolver un programa, sino que construye una atmósfera.
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4. Chile Antes de Chile, ampliación del Museo Chileno de Arte Precolombino (Santiago, 2013)
El anuncio oficial del Premio Pritzker utiliza esta intervención como ejemplo de una estrategia de reutilización adaptativa antes que de reemplazo, una decisión coherente con el interés de Radić por trabajar con capas, continuidades y memorias del lugar. En una edición del premio que insistió tanto en la fragilidad, la permanencia y la relación con el sitio, esta obra resulta central para entender por qué el jurado leyó su arquitectura más como una práctica de cuidado que como una práctica de imposición.

5. Pabellón Serpentine (Londres, 2014)
El Pabellón Serpentine se resuelve como una cáscara translúcida de fibra de vidrio apoyada sobre grandes piedras estructurales. El Image Book 2026 del Premio Pritzker refuerza esa lectura al mostrar una obra donde la envolvente ligera y el apoyo pétreo construyen una tensión entre fragilidad, masa, provisionalidad y refugio.

6. NAVE (Santiago, 2015)
En NAVE, Radić replantea una residencia patrimonial dañada por un desastre natural y le inserta nuevos volúmenes destinados a ensayo, performance y talleres. La misma fuente subraya que las capas anteriores permanecen visibles y que la adaptación se entiende como continuidad antes que como concesión, una idea que vuelve a conectar su trabajo con la memoria, el tiempo y la transformación sin borramiento.

7. Teatro Regional del Bio-Bío (Concepción, 2018)
Presentada como un caso ejemplar de rigor constructivo sin énfasis formal grandilocuente. Su envolvente de policarbonato semitranslúcido modula la luz, favorece el desempeño acústico y demuestra que una arquitectura cívica puede alcanzar presencia sin necesidad de monumentalidad. Es, probablemente, una de las obras arquitectónicas de Smiljan Radić Clarke que mejor condensan el sentido de este premio.
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Un reconocimiento que vuelve a poner a Chile en primer plano
El galardón, fundado en 1979 por Jay A. Pritzker y Cindy Pritzker, tiene como objetivo distinguir a arquitectos vivos cuya obra construida haya realizado contribuciones consistentes y significativas a la humanidad y al entorno construido. En esa tradición, la elección de Radić, más que consagrar una marca formal repetible, celebra una manera de proyectar donde el refugio, la atmósfera, el sitio y la experiencia humana ocupan el centro.
La distinción a Smiljan Radić Clarke confirma el peso de una obra que recuerda que la arquitectura sigue siendo un arte capaz de tocar el núcleo mismo de la condición humana. En esa dirección, el reconocimiento celebra una trayectoria excepcional, al tiempo que ofrece también una oportunidad para volver a pensar qué puede ser hoy la arquitectura cuando renuncia al espectáculo y apuesta, en cambio, por la intensidad, la fragilidad y el sentido.