
Más aún al considerar que, en 47 entregas del Premio Pritzker, solo en 5 oportunidades lo recibieron mujeres y que la institución atraviesa acusaciones de suma gravedad tras la dimisión de su presidente ejecutivo, Thomas Pritzker, por su implicancia en los denominados “archivos Epstein” del Departamento de Justicia de EE. UU.
Precisamente por esta razón, el Premio Pritzker de Arquitectura, considerado el máximo honor en su disciplina, atraviesa un período de incertidumbre institucional que ha postergado el anuncio de su ganador para 2026.
El máximo reconocimiento en la arquitectura bajo la lupa
Pese a la profunda crisis reputacional, desde la organización se reafirmó la autonomía absoluta del jurado y la integridad de un galardón que históricamente ha definido la excelencia arquitectónica global. Asimismo, como en cada marzo, la esperada publicación del anuncio del Premio Pritzker 2026 sitúa nuevamente a la arquitectura en una encrucijada ética sobre el reconocimiento y la validación del talento en la alta dirección profesional.
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La historiografía de la arquitectura contemporánea ha sido construida, predominantemente, bajo una visión androcéntrica que ha invisibilizado las contribuciones fundamentales de las mujeres en la disciplina. Más allá de la notable evolución en las mallas curriculares y el incremento de la presencia de mujeres en las aulas de arquitectura, el reconocimiento institucional en las altas esferas del prestigio profesional muestra disparidad.
Si se entiende a la arquitectura históricamente como una estructura de poder y representación social, la disciplina enfrenta hoy el desafío ineludible de desmantelar jerarquías que omiten la pluralidad de sus actores en los niveles más altos de consagración.
Conjuntamente, la situación se ha sumergido en una profundidad crítica tras el anuncio de que el Premio Pritzker de 2026 se pospondrá debido a la aparición del nombre del presidente ejecutivo de la fundación, Thomas Pritzker, en los denominados “archivos del caso Epstein”. Como recoge la BBC, estos documentos prueban comunicaciones y vínculos operativos sostenidos entre Pritzker y Epstein.
En ese contexto, este 8 de marzo exige analizar cómo la Hyatt Foundation, a través del Premio Pritzker, ha gestionado la visibilidad de las mujeres en arquitectura, transformando la conmemoración en una evaluación técnica y crítica de la brecha de género que aún condiciona el prestigio internacional en el rubro.
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Asimetría estadística en el Premio Pritzker
La asimetría en el historial de laureados evidencia un desequilibrio estructural en los Premios Pritzker que no se corresponde con la realidad profesional contemporánea, ni con la evolución técnica del sector, ni con el presente académico en el mundo.
Al analizar el listado completo de ganadores del Premio Pritzker, es posible constatar que solo en 5 de 47 ediciones (desde 1979 a 2025) hubo al menos una mujer laureada. En total, apenas 6 de 54 personas que recibieron el premio son mujeres. Una equivalencia del 11 %.
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Lejos de representar un error estadístico, este dato cuantitativo constituye el resultado de un sistema de validación que ha legitimado históricamente la figura del autor masculino e individual como eje único de la excelencia académica (por lo menos hasta 2004), postergando el reconocimiento de trayectorias femeninas consolidadas.
El análisis cronológico de los anuncios oficiales revela que la disciplina debió afrontar una deuda histórica de un cuarto de siglo para ver a la primera mujer en ganar el Premio Pritzker: Zaha Hadid. Desde la fundación del galardón, en 1979, hasta el hito ocurrido en 2004, el jurado mantuvo una visión restrictiva donde los equipos multidisciplinarios y la coautoría femenina fueron frecuentemente ignorados en favor de la narrativa romántica del “genio solitario”.
Lista completa de ganadores del Premio Pritzker
|
Año |
Nombre |
Género |
|
1979 |
Philip Johnson |
♂ |
|
1980 |
Luis Barragán |
♂ |
|
1981 |
James Stirling |
♂ |
|
1982 |
Kevin Roche |
♂ |
|
1983 |
I. M. Pei |
♂ |
|
1984 |
Richard Meier |
♂ |
|
1985 |
Hans Hollein |
♂ |
|
1986 |
Gottfried Böhm |
♂ |
|
1987 |
Kenzō Tange |
♂ |
|
1988 |
Gordon Bunshaft |
♂ |
|
1988 |
Oscar Niemeyer |
♂ |
|
1989 |
Frank Gehry |
♂ |
|
1990 |
Aldo Rossi |
♂ |
|
1991 |
Robert Venturi |
♂ |
|
1992 |
Álvaro Siza Vieira |
♂ |
|
1993 |
Fumihiko Maki |
♂ |
|
1994 |
Christian de Portzamparc |
♂ |
|
1995 |
Tadao Ando |
♂ |
|
1996 |
Rafael Moneo |
♂ |
|
1997 |
Sverre Fehn |
♂ |
|
1998 |
Renzo Piano |
♂ |
|
1999 |
Norman Foster |
♂ |
|
2000 |
Rem Koolhaas |
♂ |
|
2001 |
Jacques Herzog |
♂ |
|
2001 |
Pierre de Meuron |
♂ |
|
2002 |
Glenn Murcutt |
♂ |
|
2003 |
Jørn Utzon |
♂ |
|
2004 |
Zaha Hadid |
♀ |
|
2005 |
Thom Mayne |
♂ |
|
2006 |
Paulo Mendes da Rocha |
♂ |
|
2007 |
Richard Rogers |
♂ |
|
2008 |
Jean Nouvel |
♂ |
|
2009 |
Peter Zumthor |
♂ |
|
2010 |
Kazuyo Sejima |
♀ |
|
2010 |
Ryue Nishizawa |
♂ |
|
2011 |
Eduardo Souto de Moura |
♂ |
|
2012 |
Wang Shu |
♂ |
|
2013 |
Toyo Ito |
♂ |
|
2014 |
Shigeru Ban |
♂ |
|
2015 |
Frei Otto |
♂ |
|
2016 |
Alejandro Aravena |
♂ |
|
2017 |
Rafael Aranda |
♂ |
|
2017 |
Carme Pigem |
♀ |
|
2017 |
Ramón Vilalta |
♂ |
|
2018 |
B. V. Doshi |
♂ |
|
2019 |
Arata Isozaki |
♂ |
|
2020 |
Yvonne Farrell |
♀ |
|
2020 |
Shelley McNamara |
♀ |
|
2021 |
Anne Lacaton |
♀ |
|
2021 |
Jean-Philippe Vassal |
♂ |
|
2022 |
Diébédo Francis Kéré |
♂ |
|
2023 |
David Chipperfield | ♂ |
|
2024 |
Riken Yamamoto | ♂ |
|
2025 |
Liu Jiakun | ♂ |
Esta resistencia institucional en la Hyatt Foundation consolidó un canon masculino que tardó 25 años en ser fracturado, evidenciando la lentitud de los organismos de mayor autoridad global en validar la praxis de las arquitectas en igualdad de condiciones técnicas.
Esta disparidad en el reconocimiento de élite contrasta drásticamente con la realidad del presente en el sector, en la disciplina y en la formación académica. Por ejemplo, en la variable demográfica de las universidades, donde, como confirma Unesco, la población estudiantil femenina supera hoy el 50 % en la mayoría de las universidades globales (a excepción de la región de África subsahariana).
La desconexión entre el éxito académico y el reconocimiento en la carrera profesional de alto perfil sugiere una falla crítica en los mecanismos de promoción y visibilidad internacional de las obras dirigidas por mujeres.
Mientras la base formativa se diversifica con un rigor técnico creciente, la cúspide de la pirámide de prestigio del Pritzker Prize sigue operando bajo lógicas de filtrado que diluyen el talento femenino antes de alcanzar la consagración en los jurados internacionales.
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Las únicas 6 mujeres que ganaron un Premio Pritzker
El recorrido por las trayectorias de las mujeres que ganaron el Premio Pritzker permite identificar un cambio en la estética arquitectónica, así como también una transformación necesaria en los criterios de legitimación del jurado. Estas seis figuras han operado como disruptoras de un sistema que, durante décadas, priorizó la monumentalidad masculina sobre la sensibilidad técnica, social y material de las proyectistas líderes de la industria contemporánea.
Zaha Hadid (2004)

La incorporación de Zaha Hadid al palmarés en 2004 marcó el primer quiebre del monopolio masculino en la entrega de premios, validando una praxis basada en la parametrización y la fluidez espacial radical. Según se detalla en su perfil oficial en la web de The Pritzker Architecture Prize, su trayectoria desafió el escepticismo de una industria que inicialmente calificó su obra como irrealizable por su complejidad geométrica. No obstante, Hadid demostró que la autoridad técnica femenina podía liderar infraestructuras de escala global, transformando buena parte de las teorías del deconstructivismo a una realidad constructiva que redefinió los límites de la ingeniería y el diseño en el siglo XXI.
Kazuyo Sejima (2010)

En 2010, la distinción otorgada a la arquitecta Kazuyo Sejima —aunque compartida con su socio Ryue Nishizawa— reconoció una filosofía basada en la transparencia y la eliminación de jerarquías espaciales rígidas. La obra de Sejima en el estudio SANAA es analizada por The Hyatt Foundation como una búsqueda de la ligereza fenomenológica que desafía la solidez opaca de la arquitectura moderna tradicional. Su enfoque introdujo una economía de medios que privilegia la circulación libre y la integración fluida con el entorno urbano, demostrando que la potencia técnica puede residir en la sutileza y en el manejo de materiales como el vidrio y el acero.
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Carme Pigem (2017)

La premiación de Carme Pigem en 2017, como integrante fundamental de RCR Arquitectes, subrayó la relevancia de la identidad territorial y la materialidad honesta en la práctica profesional de alto nivel. El jurado de la fundación valoró su capacidad para generar un diálogo emocional entre la obra y el paisaje volcánico de Cataluña, utilizando materiales como el acero corten de forma estructural. Su presencia en el podio reafirmó que la excelencia técnica puede emerger de una práctica colaborativa arraigada en el contexto local, distanciándose del modelo de arquitecto estrella para proponer una arquitectura de la esencia y la permanencia.
Yvonne Farrell y Shelley McNamara (2020)

El reconocimiento en 2020 a las fundadoras de Grafton Architects, Yvonne Farrell y Shelley McNamara, consolidó la visión de la arquitectura como un servicio cívico de integridad estructural. De acuerdo con los registros de The Pritzker Architecture Prize, sus proyectos educativos destacan por una generosidad espacial que prioriza la dignidad del usuario y la responsabilidad climática. Su dominio del hormigón visto y la creación de “geografías artificiales” en edificios como la UTEC en Lima, Perú, demostraron que el liderazgo femenino produce estructuras monumentales que mantienen, simultáneamente, una escala humana profunda.
Anne Lacaton (2021)

Finalmente, en 2021, la premiación de Anne Lacaton junto a Jean-Philippe Vassal representó un cambio de paradigma hacia la sostenibilidad ética y el respeto absoluto por lo preexistente. Su máxima de “nunca demoler” ha sido fundamental para repensar la vivienda social desde una perspectiva de eficiencia de recursos y bienestar habitacional. Según el análisis y anuncio del jurado, Lacaton ha validado que el lujo arquitectónico reside en el espacio adicional y la luz natural, estableciendo un estándar donde la responsabilidad social prevalece sobre el espectáculo formal innecesario de la industria global.
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El precedente Scott Brown: autoría y sexismo institucional
Uno de los episodios más críticos para la credibilidad ética del galardón ocurrió en 1991, cuando se omitió deliberadamente el nombre de Denise Scott Brown en el premio otorgado a su socio, Robert Venturi.

Este hecho, ampliamente documentado por la prensa especializada en The New York Times, evidenció cómo los mecanismos de exclusión operaron para invisibilizar una coautoría intelectual y proyectual indisoluble.
La decisión técnica del jurado de aquella edición validó una visión patriarcal del liderazgo creativo, ignorando que la base teórica del posmodernismo fue una construcción simbiótica donde la perspectiva urbana de Scott Brown resultó fundamental.
La movilización digital y académica que surgió décadas después, impulsada por el grupo Harvard Women in Design, transformó esta omisión en un debate global sobre la legitimidad institucional. En palabras de la propia arquitecta, “a very sad situation”:
https://www.youtube.com/watch?v=qioEbe7eng4
Según reporta Dezeen, la petición recolectó miles de firmas de arquitectos de renombre exigiendo una rectificación retroactiva que el comité del Pritzker finalmente denegó en una resolución formal. Este conflicto subrayó la rigidez de unos protocolos que, durante años, optaron por mantener la infalibilidad de las decisiones pasadas por encima de la reparación de una injusticia histórica documentada por la academia y la crítica internacional.
El análisis de esta desigualdad sistémica ha sido clave para entender la brecha entre la teoría colaborativa y la práctica institucional de premiación en el rubro. El caso de Denise Scott Brown permanece en 2026 como la referencia obligada para exigir nuevos modelos de evaluación que reconozcan la autoría compartida como la norma de excelencia, garantizando que el mérito intelectual sea distribuido con absoluta transparencia en el entorno académico y profesional.
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Hacia una praxis equitativa
La transformación de la disciplina hacia una praxis equitativa requiere la implementación de marcos regulatorios que trasciendan el discurso simbólico para aplicarse en la gestión diaria de los estudios.
https://www.youtube.com/watch?v=LJ9RLyKBJMg
En este sentido, normativas como las directrices de equidad desarrolladas por el Royal Institute of British Architects (RIBA), por ejemplo, establecen estándares de paridad y transparencia que buscan erradicar el sexismo estructural en ámbitos como la formación profesional y también la adjudicación de grandes proyectos.
https://www.youtube.com/watch?v=xOiaH5-4mds
Estas políticas son fundamentales para asegurar que las arquitectas tengan acceso igualitario a los espacios de decisión, permitiendo que la industria refleje la diversidad real de la sociedad y responda con precisión técnica a las demandas de habitabilidad actuales. La formación académica desempeña un rol determinante en la deconstrucción de estos sesgos históricos para las futuras generaciones profesionales.
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Además de las políticas y el diálogo, es necesaria la acción. En la carrera de Arquitectura de la Universidad ORT Uruguay, por ejemplo, donde para 2026 la inscripción de estudiantes femeninas alcanza el 62 % de la currícula, se promueve una visión crítica de la disciplina, que integra la excelencia técnica, tecnológica y metodológica con la conciencia social y la equidad profesional. En términos de graduación, a la fecha, existe una mayoría femenina: el 61,03 % del total son mujeres, aproximadamente 6 de cada 10 personas graduadas.
A su vez, en la Facultad de Arquitectura de ORT, cinco de las siete máximas autoridades de las coordinaciones académicas de la facultad son mujeres: la Arq. Paula Kramer, al frente de la Secretaría Docente; la Arq. Andrea Castro, PhD (cand.), coordinadora académica de la carrera de Arquitectura; la Arq. Laura Moya, Ph.D, en el Master en Edificaciones en Madera; la Arq. Psj. Ana Paula Rial, en la carrera de Técnico en Paisajismo; y la Dra. Michelle Fleitas, al frente de la coordinación académica de la carrera de Operador Inmobiliario.
https://www.youtube.com/watch?v=y1BJkikGwfQ
Conocé la carrera de Arquitectura
Conjuntamente, en términos de reconocimiento: en las últimas tres ediciones de los Premios a la Excelencia Docente de la Facultad de Arquitectura de ORT, 8 mujeres fueron reconocidas por su rol fundamental en la institución. En 2025, la Lic. Belén Laventure obtuvo el Premio a la Excelencia Docente en carrera universitaria y la Prof. Cecilia Sgarbi el Premio a la Excelencia Docente en carrera técnica.
En 2024, todos los reconocimientos fueron a notables mujeres por su rol en la facultad: la Dra. Arq. Maya Suárez (Premio a la Excelencia Docente), la Lic. Paula Ceretti (Premio a la Excelencia Docente), MA. Arq. Andrea Castro (Reconocimiento Especial), la Arq. Maia Benevicius (Reconocimiento Especial) y la Dis. Flavia Surka (Reconocimiento Especial). El año anterior, en 2023, el Premio a la Excelencia Docente fue otorgado a la Lic. Marcela Chiesa.

Entender el impacto del entorno en el bienestar humano es una labor que requiere pluralidad de voces, un concepto que se ha profundizado, por ejemplo, en el artículo “Arquitectura y salud mental: cómo el diseño de espacios impacta en nuestra psicología”.
La construcción de un entorno justo y diverso solo será posible mediante el reconocimiento pleno de todas las trayectorias que definen el presente y el futuro de la profesión.
https://www.youtube.com/watch?v=OSzR8OREw7E
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Reconocer documentalmente las deudas y omisiones de la industria internacional es el primer paso metodológico para formar profesionales técnicamente capaces de diseñar entornos físicos completamente libres de sesgos patriarcales heredados, garantizando una práctica profesional veraz, equitativa y plural.
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