El 9 de setiembre, el Dr. Arq. Guillermo Lockhart Milán, catedrático de Historia y Teoría de la Arquitectura de la Facultad de Arquitectura de ORT, docente de la carrera de Arquitectura e investigador del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), participó en una de las Mesas de Presentación de Trabajos Profesionales de la Segunda Semana de la Arquitectura en Uruguay (SARQ 2026), realizada en la Universidad Católica del Uruguay (UCU).
Su exposición sobre el Centro de Proximidad Casavalle integró el eje “Arquitectura, territorio y comunidad” y abordó las decisiones proyectuales que vinculan la implantación territorial, la materialidad, la participación de los usuarios y la accesibilidad con las características del programa que alberga.
Lockhart desarrolló el proyecto en el marco de su trabajo como arquitecto consultor para UNICEF Uruguay. El equipo del Estudio Lockhart estuvo integrado además por el Arq. Tomás Ferrari, graduado de la carrera de Arquitectura de ORT y el Lic. Ignacio Trinidad, graduado de la Licenciatura en Diseño de Interiores; la dimensión paisajística estuvo a cargo de la Arq. Paula Rial, coordinadora académica de la carrera de Técnico en Paisajismo, y Singularis fue la empresa constructora.
Salud mental y territorio: por qué existe el Centro de Proximidad Casavalle
El Centro de Proximidad Casavalle forma parte de Ni Silencio Ni Tabú, una política interinstitucional del INJU-MIDES, con apoyo de UNICEF y del Ministerio de Salud Pública, orientada a acercar la atención en salud mental a adolescentes y jóvenes. Los centros ofrecen orientación, atención terapéutica individual y grupal, talleres de sensibilización y espacios de participación juvenil.
El de Casavalle es el séptimo centro de la red y el primero construido desde cero. Está dirigido a adolescentes y jóvenes de entre 14 y 24 años.
Lockhart comenzó su presentación por la razón de ser del edificio: la situación de la salud mental de adolescentes y jóvenes en Uruguay.
El informe Situación de bienestar psicosocial y salud mental en adolescentes y jóvenes en Uruguay, elaborado por UNICEF e INJU, estimó que al menos 136.600 adolescentes y jóvenes de entre 12 y 29 años no gozaban de bienestar psicosocial, a partir de información disponible antes de la pandemia. El estudio identifica además diferencias vinculadas con el nivel socioeconómico y advierte que los temas de salud mental todavía presentan una fuerte carga de estigma.
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Una de las primeras decisiones proyectuales fue la implantación. En lugar de disponer de un predio propio, el edificio se ubicó dentro del Centro de Referencias de Políticas Sociales Aparicio Saravia, en Casavalle, donde comparte el entorno con otras 17 instituciones estatales.
El Dr. Lockhart interpretó esta estrategia territorial como una forma de enfrentar la marginación geográfica tradicionalmente asociada a este tipo de programas e integrar el centro a la dinámica social existente en el lugar.
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Una arquitectura que busca alejarse de la imagen hospitalaria
Uno de los conceptos centrales de la exposición fue la decisión de distanciar al centro de la imagen, la escala y la materialidad asociadas a programas hospitalarios.

Según el planteo presentado por el Dr. Lockhart, el objetivo era evitar que la experiencia espacial reforzara la percepción de ingresar a un ámbito definido exclusivamente por la enfermedad.
Tres decisiones proyectuales materializan esa búsqueda. La primera es una forma contenida, desarrollada en un único nivel. La segunda, una escala doméstica, con un volumen bajo y una conexión directa con los espacios exteriores. La tercera es la madera vista, utilizada simultáneamente como estructura y terminación para aportar calidez perceptiva al interior.

Hacia el exterior, la chapa prepintada ondulada y el aluminio buscan integrar el centro a un conjunto con cierto carácter industrial; hacia el interior, la madera permanece vista como parte de la resolución espacial y constructiva.
Estas decisiones parten de una hipótesis vinculada con la psicología ambiental y el diseño basado en evidencia. Lockhart recurrió a una posición probabilista según la cual el entorno construido puede facilitar o inhibir determinadas conductas y volverlas más o menos probables, pero no determinarlas.
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Diseñar con adolescentes: encuentro, privacidad y accesibilidad
El proceso incluyó instancias participativas desde el comienzo. Los propios adolescentes contribuyeron a definir qué espacios necesitaba el centro y la identidad de su señalética y cartelería. Un mes antes de finalizar la obra, jóvenes y adolescentes ya visitaban el edificio para conocer sus espacios y funcionamiento.

El diseño también buscó favorecer los encuentros. Para ello se trabajó con circulación libre, mobiliario adaptable y la supresión de barreras coercitivas.
Lockhart denominó “umbrales suaves” a recursos como el vidrio y las zonas de transición, utilizados para diluir la frontera entre usuarios y personal. Esa apertura debía convivir, sin embargo, con el grado de privacidad requerido por la atención terapéutica personal, resuelto mediante consultorios y control de la exposición visual.
La accesibilidad universal fue considerada desde el inicio. El centro incorpora rampas, baños y cocina adaptados, instalación eléctrica accesible, espacios de trabajo inclusivos y circulaciones y señalética pensadas para garantizar su uso por diferentes personas.
También cuenta con una sala maternal. La documentación del proyecto vincula esta decisión con evitar que la maternidad y la paternidad adolescentes se transformen en una barrera para acceder a la atención.
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CLT, construcción y sostenibilidad como decisiones sociales
La estructura del Centro de Proximidad Casavalle fue resuelta mediante paneles de madera contralaminada (CLT) de pino local con fabricación digital. La estructura de 150 m² fue montada en siete días, mientras que el plazo total de construcción fue de cuatro meses.

Para Lockhart, el plazo reducido no respondía únicamente a una cuestión constructiva: al tratarse de un centro social que permanecía en funcionamiento, reducir el tiempo de obra permitía disminuir su interferencia sobre la comunidad que ya utilizaba el predio.
El proyecto modificó además el espacio exterior previsto originalmente para estacionamiento. En su lugar incorporó césped y vegetación, un jardín posterior y una plazoleta frontal que generan oportunidades para encuentros y actividades al aire libre y refuerzan la continuidad entre el interior y el exterior.
El paisajismo incorpora arazá rojo y amarillo, guaviyú, guayabo del país y pitanga dentro de un paisaje productivo pensado también como soporte para actividades educativas. El edificio suma ventilación cruzada y paneles solares proyectados para generar la totalidad de la energía que consumirá el centro.
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Qué puede —y qué no puede— hacer la arquitectura
El planteo del proyecto establece un límite importante: la arquitectura no puede resolver por sí sola un problema de salud pública. Su aporte se ubica en las condiciones espaciales que puede ofrecer a un dispositivo de atención.
Lockhart sintetiza esa posición en una idea:
“Lo que un edificio puede hacer es alterar probabilidades”.
En el Centro de Proximidad Casavalle, esa hipótesis se traduce en intentar hacer más probable que un adolescente cruce la puerta, permanezca y regrese.
La implantación territorial, la escala doméstica, la participación juvenil, los espacios de encuentro, la privacidad, la materialidad y la accesibilidad son, desde ese planteo, decisiones destinadas a acompañar el funcionamiento del dispositivo de atención.
Su alcance es deliberadamente acotado: facilitar determinadas condiciones, no garantizar resultados que dependen también de las políticas públicas, los equipos profesionales y las redes de atención.