Aunque a primera vista pueda resultar ajeno a las disciplinas del espacio, a partir de sus exposiciones, el Summit IA Human Future 2026 abrió nuevas preguntas especialmente relevantes para la arquitectura, el diseño de interiores, el paisajismo y los negocios inmobiliarios: cómo integrar nuevas herramientas sin perder criterio profesional, lectura del contexto, sensibilidad humana y responsabilidad ética.
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En ese cruce aparece el vínculo más directo con la facultad. La IA puede acelerar tareas, ampliar capacidades de análisis y modificar procesos profesionales, pero también obliga a fortalecer aquello que sostiene el trabajo en las disciplinas refereidas: criterio proyectual, lectura situada del territorio, comprensión de los usuarios, manejo responsable de datos, sensibilidad ante la experiencia humana y capacidad de decidir en contextos de incertidumbre.
Inteligencia artificial, trabajo y decisiones
Organizado por Cacique Group, con el apoyo de la Universidad ORT Uruguay, el evento de inteligencia artificial del año tuvo lugar en el Centro de Eventos del Parque Tecnológico del LATU. La jornada de conferencias y paneles del miércoles 20 de mayo tuvo una pregunta central: frente al avance de la inteligencia artificial, ¿protagonistas o espectadores?
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Ese interrogante atravesó las distintas instancias del encuentro. En la apertura, el divulgador tecnológico Jon Hernández planteó una de las ideas más provocadoras de la jornada:
“La inteligencia artificial, de una forma u otra, produce inteligencia que tiene valor económico”.
Desde esa mirada, Hernández sostuvo que la IA modifica la forma en que personas y organizaciones generan valor. Su exposición abordó el avance de los modelos de IA, la aparición de agentes capaces de ejecutar tareas y el impacto que estas tecnologías pueden tener en empresas y equipos de trabajo.
Para las disciplinas vinculadas al diseño del espacio, la pregunta adquiere una dimensión concreta. En arquitectura, diseño de interiores, paisajismo y negocios inmobiliarios, el valor profesional implica comprender problemas, leer contextos, tomar decisiones situadas y proyectar consecuencias sobre la vida de las personas.
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Del trabajo cognitivo al mundo físico: revisar criterios para IA
La entrevista de Milagros Hadad a Jorge Milburn, exejecutivo de Tesla y 1X, llevó la conversación hacia la llamada “IA física”: robots, cuerpos, tareas materiales y ambientes cotidianos.
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Milburn explicó que uno de los desafíos actuales es lograr que los robots humanoides puedan entrar en espacios que no conocen, interpretar el entorno y resolver tareas a partir de instrucciones. En ese marco, compartió una reflexión clave para las disciplinas de la facultad:
“Nosotros hemos diseñado el mundo físico para que sea adaptado a las personas”.
La frase conecta directamente con la arquitectura y el diseño de interiores. Si el mundo construido fue pensado para cuerpos humanos, la llegada de tecnologías capaces de operar en casas, oficinas, fábricas o espacios públicos invita a revisar criterios de circulación, seguridad, accesibilidad, ergonomía, mantenimiento, interfaces y convivencia entre personas y sistemas autónomos.
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También abre preguntas para el paisajismo y el diseño de espacios exteriores. En entornos donde intervienen clima, vegetación, suelo, recorridos, permanencia y usos sociales, la integración de tecnologías inteligentes exige atender condiciones variables y datos situados.
Milburn defendió una mirada rotundamente optimista sobre las herramientas tecnológicas. “La inteligencia artificial es una herramienta y, al final, las herramientas amplían la capacidad humana”, afirmó.
Esa idea permite pensar la IA como una vía para proyectar mejor, analizar más escenarios, visualizar alternativas, automatizar procesos repetitivos y dedicar más energía al criterio.
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Pensamiento crítico, datos locales y responsabilidad
El panel “Decidir cuando nadie tiene todas las respuestas”, moderado por Milagros Hadad e integrado por Lorena Betancor, Víctor Valle y Marcelo Abreu, aportó uno de los núcleos más relevantes de la jornada para el ámbito universitario.

La Dra. Betancor, catedrática de Biotecnología en Universidad ORT Uruguay y CEO de Promethenz, señaló que “la incertidumbre es algo inherente al trabajo de un científico”. Para ella, esa incertidumbre permite formular nuevas preguntas, avanzar en la investigación, reformular hipótesis y empujar las barreras del conocimiento.
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La idea también dialoga especialmente con el trabajo proyectual. Diseñar implica tomar decisiones con información incompleta, revisar hipótesis, ensayar respuestas, equivocarse, corregir y volver a proponer. En ese proceso, la IA puede aportar velocidad y capacidad de análisis, aunque el punto de partida sigue siendo humano: saber preguntar.
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Valle, ex CEO de Google Argentina, llevó la discusión hacia las habilidades humanas. En su intervención, sostuvo que la IA invita a preguntarse qué es valioso en las personas y afirmó:
“La máquina ve datos, no ve la esencia”.
Desde esa perspectiva, pensamiento crítico, creatividad, empatía y capacidad de interpretar situaciones complejas aparecen como habilidades centrales para cualquier disciplina que trabaje con usuarios, espacios y organizaciones.
Abreu, gerente de Innovación de Antel, sumó otro punto decisivo: la importancia de los datos locales y la soberanía digital. “Si los datos son globales, las respuestas van a ser globales”, planteó.
Para las disciplinas vinculadas al territorio, esa afirmación resulta especialmente pertinente: diseñar en Uruguay exige comprender condiciones locales, normativas, climas, formas de habitar, datos urbanos, mercados y culturas materiales específicas.
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Creatividad, autenticidad y experiencia humana
Jerónimo Pino, director y fundador de Cacique Group y del Summit AI Human Future, contador público por la Universidad ORT Uruguay, entrevistó al reconocido DJ argentino Hernán Cattaneo, momento que incorporó una dimensión cultural y creativa al debate sobre inteligencia artificial.
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En este sentido, Cattaneo repasó cómo la tecnología transformó la producción y la música electrónica en sí misma, desde la etapa analógica hasta las infinitas posibilidades actuales en manipulación digital. “La tecnología creo que fue nuestro principal aliado”, sostuvo.
Asimismo, el DJ corrigió la idea superficial de que la tecnología simplifica todo mágicamente, afirmando que “hay muchísimo trabajo previo que no se ve” y que lo que produce y ofrece la IA en realidad es el resultado del trabajo humano que hay detrás.
Su aporte más relevante para esta lectura aparece cuando distingue entre herramienta y autoría. Para Cattaneo, dos personas con acceso a una misma tecnología pueden producir resultados distintos porque la diferencia está en el talento, la personalidad, la intención y la búsqueda propia. A este respecto, refirió:
“Si vos y yo accedemos a la misma IA, vamos a hacer cosas diferentes”.
Y esa mirada se vincula con el diseño en sentido amplio. En arquitectura, interiores o paisaje, una herramienta puede acelerar representaciones, generar variantes o apoyar procesos técnicos. La autenticidad de una propuesta, su relación con el lugar, su sensibilidad ante los usuarios y su coherencia conceptual dependen de decisiones humanas.
Además, Cattaneo también ofreció una reflexión especialmente útil sobre el espacio y la experiencia. Al hablar de sus sets (ejecución de una mezcla en directo), señaló que nunca hizo dos iguales y que una presentación cambia y evoluciona según la hora, el clima, el público y el lugar: “No es lo mismo si estás al aire libre que si estás en un lugar cerrado”.
Para las disciplinas del espacio, esa frase contiene una idea central: el contexto modifica la experiencia. Una plaza, una vivienda, una sala, una oficina, un jardín o un espacio cultural no son escenarios neutros. Condicionan cómo las personas se encuentran, se mueven, recuerdan, escuchan, trabajan y habitan.
Hacia el final de la entrevista, Cattaneo recordó también una frase del rector de la Universidad ORT Uruguay, Dr. Jorge Grünberg, en la edición 2025 del Summit IA Human Future, cuando señaló:
“El humano va a perder su trabajo frente a otro humano que sepa utilizar mejor la inteligencia artificial”.
Parafraseando al rector, el artista aseguró que “no te va a reemplazar la IA, te va a reemplazar el que la use mejor que vos”. En su lectura, la IA puede ser una aliada para quienes la integren con inteligencia, criterio y personalidad propia; no como sustituto de la autenticidad, sino como una herramienta capaz de ampliar posibilidades creativas y profesionales.
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Ciencia, ética y tecnologías potentes
La conversación entre Martín Aguirre, director del diario El País, y Gonzalo Moratorio, científico y virólogo uruguayo, llevó el debate hacia la investigación, la biotecnología y la responsabilidad frente a tecnologías de alto impacto.
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Moratorio se refirió al avance de la IA en la práctica científica y señaló que “las puertas que ya se están abriendo” tienen un potencial difícil de medir. También advirtió que ese potencial puede usarse de manera positiva o negativa, por lo que el criterio ético resulta absolutamente indispensable.
Al explicar su trabajo con virus rediseñados para atacar células tumorales, fue claro sobre el marco de responsabilidad: “Las primeras consideraciones que tenemos como científicos son en torno a la bioseguridad”.
Aunque su campo no sea el de las disciplinas proyectuales, esa reflexión aporta una advertencia transversal que sí dialoga con la práctica de las disciplinas del espacio: toda tecnología capaz de intervenir sobre sistemas complejos exige responsabilidad.
En arquitectura, diseño de interiores, paisajismo y negocios inmobiliarios, esos sistemas son los espacios, territorios, organizaciones y experiencias que afectan la vida cotidiana de las personas.
Moratorio también destacó la importancia de trabajar con equipos diversos y multidisciplinarios, integrados por personas con distintas miradas y franjas etarias. Esa idea dialoga con el carácter interdisciplinario de los proyectos contemporáneos, donde la innovación requiere articular saberes, experiencias y formas distintas de mirar un problema.
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Inteligencia aumentada: aprender, decidir y actuar
La jornada cerró con la keynote de Jonatan Loidi, titulada “Inteligencia aumentada”. Desde el comienzo, Loidi planteó que esa es la forma en que entiende esta etapa: una era en la que la IA puede ampliar capacidades humanas, pero también poner a prueba la actitud con la que cada persona y cada organización enfrentan el cambio.
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“Nunca fue tan fácil acceder al conocimiento y nunca fue tan difícil encontrar personas dispuestas a hacer algo con él”, afirmó. Para Loidi, el conocimiento está cada vez más disponible, pero la diferencia está en la disposición, la curiosidad y la actitud para convertirlo en transformación.
Su exposición también propuso mirar los equipos desde dos variables: aptitud y actitud. La primera vinculada con conocimiento comprobable y experiencia; la segunda, con predisposición al cambio. En ese cruce ubicó el perfil que considera más necesario: personas proactivas y estudiosas, capaces de aprender, adaptarse y actuar.
Para los negocios inmobiliarios, las empresas constructoras, los estudios profesionales y las organizaciones vinculadas al diseño y la gestión del hábitat, esa matriz ofrece una lectura clara: la adopción de IA depende de herramientas, procesos, datos y equipos capaces de revisar cómo trabajan, cómo deciden y cómo se vinculan con sus clientes.
En el tramo final, Loidi sintetizó una de las ideas más útiles para pensar el rol de la IA: delegar tareas repetitivas puede liberar tiempo “para ser más humano”. La frase dialoga con buena parte de la jornada. Si la IA permite reducir tareas burocráticas o rutinarias, el desafío pasa por decidir qué hacer con ese tiempo liberado.
Para las disciplinas de la Facultad de Arquitectura de ORT, integrar inteligencia artificial supone aprender a usar herramientas, fortalecer la capacidad de leer contextos, hacer preguntas relevantes, interpretar datos locales, diseñar experiencias, actuar con responsabilidad y sostener aquello que las tecnologías no reemplazan: la conexión humana, la sensibilidad espacial y la toma de decisiones con sentido.
En ese cruce entre tecnología, criterio y experiencia se ubica uno de los desafíos centrales de la formación profesional contemporánea: preparar personas capaces de proyectar, gestionar e imaginar futuros posibles sin perder de vista el impacto humano, territorial y cultural de cada decisión.
Reviví el Summit IA Human Future 2026:
https://www.youtube.com/live/WGi6_g9qYVc
También podés ver el conversatorio completo aquí.
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